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Es verano y las temperaturas en la capital de España son altas. Afortunadamente, Madrid cuenta con rincones refrescantes donde el caminante pueda aliviar el calor del estío. Sentarse a descansar bajo la sombra de los árboles de El Retiro y disfrutar del canto de los pájaros mientras se saborea un helado es una opción. Como también lo es acudir a Madrid Río para empaparse bajo los chorros refrescantes de su playa urbana o pasar el día disfrutando del agua en alguna de sus muchas piscinas públicas. Ya fuera del asfalto, lejos del ruido y las prisas, ríos y pantanos como el de San Juan poco tienen que envidiar a ninguna zona de playa: arena, agua e incluso puertos deportivos donde los más activos puedan practicar su deporte náutico favorito. Madrid no tiene playa, es cierto. Pero ¿quién la necesita?

Adrián Carrón – 23 años

Adrián nació en Móstoles, pero dice que prefiere vivir en Madrid. Durante el verano, trabaja como socorrista en una urbanización privada para poder pagarse sus estudios de Magisterio. De su ciudad, como él la llama, le gusta todo. “Vayas de lo que vayas y te guste lo que te guste, aquí lo encuentras”. Cuando habla de Madrid, se le iluminan los ojos y esa sonrisa perenne que muestra a todas horas se hace más elocuente. Cree que los que viven en ella no saben apreciarla (a veces ocurre que lo que tienes más cerca es lo que ves con menos claridad), pero para este estudiante de Magisterio, Madrid es una ciudad bonita. Durante sus ratos de ocio, disfruta recorriendo los garitos de Alonso Martínez en compañía de sus amigos. Pero también le encanta salir de cañas por el centro histórico de la ciudad o sentarse a charlar con los colegas en alguno de sus parques. “El Retiro siempre sorprende”, aconseja.

Javier Juárez – 43 años

Con el móvil en la mano, como si fuera una parte más de su cuerpo, este empleado de banca nacido en Madrid tiene claro qué debe visitar alguien que llega a la capital de España por primera vez: “¡El Calderón!”. Javier es hincha del Atleti, como gustan llamar sus seguidores al Atlético de Madrid, y en cuanto puede colgar el traje y la corbata, no pierde ocasión de lucir alguna de las camisetas de su equipo favorito y consultar el mercado de fichajes. Este año, el equipo colchonero abandona el campo que ha sido su casa durante 50 años para trasladar su sede al estadio de La Peineta, algo que ha provocado no pocas lágrimas. Pero la vida sigue y la afición también. Javier recomienda asistir al menos a un partido de la Liga Española, una de las más importantes del mundo. Pero si por algo le gusta Madrid, además de por el fútbol, es por la enorme oferta cultural que ofrece: musicales, teatros, cines, exposiciones… “Para disfrutarla de verdad, vente en primavera. Madrid se ilumina, brilla. Es la época ideal”.

Clorinde González – 74 años

La primera vez que vino de su Asturias natal a la capital quedó impresionada por esta ciudad. Era una niña y había venido a vivir con unos tíos porque los médicos le recomendaron un clima más seco. Iban a ser unos meses y Clorinde se quedó en Madrid toda la vida. Aquí se casó y aquí han nacido sus hijos y sus nietas. Cuando empieza a echar en falta el verde de las montañas asturianas, hace las maletas y vuelve al pueblo. “Pero solo de vacaciones, ¿eh? Mi casa está aquí”, asegura sonriendo. De Madrid le gusta todo, pero en especial, la amplia oferta de actividades que ofrece para quienes, como ella, ya pintan canas. Visitas a museos, recorridos guiados por los rincones más escondidos de la ciudad, acceso a instalaciones deportivas, centros de mayores donde se reúnen para charlar, jugar a las cartas y bailar… “No me da tiempo a aburrirme”, afirma esta madrileña de adopción, que, de vez en cuando, solo de vez en cuando, echa de menos el verde de las montañas asturianas.