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El verdugo es, sin duda y por méritos propios, una de las películas canónicas de la historia del cine español y, posiblemente, la cumbre de la colaboración entre el director Luis García Berlanga y el guionista Rafael Azcona. Berlanga decidió finalizar en la isla de Mallorca la odisea de un personaje, José Luis (Nino Manfredi), abocado a convertirse en algo que odia por el entorno asfixiante de la España del franquismo. La famosísima escena que transcurre en las cuevas del Drach es una muestra ejemplar de ese tono de comedia negra que los maestros Berlanga y Azcona dominaban a la perfección. En un entorno idílico y rodeado de turistas extranjeros, José Luis parece haber olvidado su destino, pero el espejismo durará poco: desde una barca que navega tranquila por un lago subterráneo, dos guardias civiles reclaman su presencia en la cárcel a golpe de megáfono. La pena de muerte debe cumplirse y él, José Luis, es el verdugo encargado de llevarla a cabo. Aunque fueron exploradas íntegramente a finales del s. XIX, las cuevas del Drach no se acondicionaron y abrieron al público hasta 1935. Desde entonces, ofrecen una visita guiada de alrededor de una hora en la que se pueden visitar algunos de los rincones más espectaculares de estas cuevas subterráneas y que culmina con un concierto de música clásica frente al lago Martel, el mismo que aparecía en el filme de Berlanga.