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La séptima película protagonizada por James Bond, el espía más carismático al servicio de Su Majestad, desarrolla su enrevesada trama que gira alrededor de una red de contrabando de diamantes en pintorescas localizaciones. Una de ellas es Ámsterdam, cuya peculiar fisionomía, repleta de canales y puentes, capta a la perfección el filme protagonizado por Sean Connery en su última aparición como el agente 007. Diamantes para la eternidad es un Bond clásico y, por tanto, con el aire pop desprejuiciado y el humor incorrecto que caracterizaba a la franquicia en la era pre-Bourne. Esto es evidente en la escena en la que aparece el Magere Brug o Puente Estrecho: la pareja de asesinos Mr. Wint y Mr. Kidd dos de los villanos más salvajemente divertidos de la saga bromean desde el puente mientras la policía saca del canal a su última víctima; detrás de ellos aparece brevemente el Triumph amarillo conducido por Connery bordeando el río Ámstel. El Magere Brug es, con su estilo tradicional y su parte central levadiza, uno de los puentes más hermosos de la ciudad. Es recomendable visitarlo al anochecer, cuando sus más de mil bombillas lo iluminan.

FICHA

Título: Diamonds are forever (1971)

Director: Guy Hamilton

Writers: Richard Mainbaum, Tom Mankiewicz, Ian Fleming

Cinematography: Ted Moore

Cast: Sean Connery, Jill St. John, Charles Gray