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No sabes dónde vas a cenar, ni qué, ni con quién. La única certeza es que hay que llevar a las cenas secretas de Cuisine Collectif un espíritu abierto, las ganas de enfrentarse a un tipo distinto de socialidad, y, si así se desea, también una botella de buen vino para compartir con los demás, totalmente desconocidos que acuden para charlar alrededor de la mesa, buscar el alma gemela o, por qué no, encontrar trabajo.

Los comensales no conocen el entorno en el que se celebrará la velada hasta algunas horas antes de las cenas, que se organizan con una frecuencia de una o dos por mes. Un correo electrónico o un mensaje enviado unas 12/24 horas antes de la cita desvelarán si el lugar elegido es el estudio de un pintor, un barco en la laguna de Orbetello (a unos 180 kilómetros de Florencia) al atardecer o el altar de una iglesia desacralizada, como algunos de los últimos eventos organizados por el colectivo.

Los organizadores aclaran que no se trata de una cita formal y no hay que esperarse el mismo tipo de servicio que brinda un restaurante tradicional, pero aseguran que este clima relajado favorece el éxito de la velada, fomentando la conversación entre comensales.

Cuisine Collectif es una organización abierta, fundada por Matthew “Lundi”, chef internacional que ha trabajado en cocinas de Río de Janeiro, Ámsterdam o Reikiavik, entre otras ciudades, y Arianna “Petits Poissons”, organizadora de eventos culinarios que define como “imposibles”, basados en ingredientes “improbables” y recetas “inhallables”. Además de preparar cenas secretas, el grupo, integrado por decoradores, cocineros y creativos, se dedica también a la producción de actos para particulares o empresas que desean usar la comida como elemento para comunicar.

“Antes de lanzar el proyecto, ninguno de los integrantes del colectivo había participado nunca en cenas secretas o supper clubs”, cuenta Lundi. “Este tipo de iniciativas aún escasean en Italia y no había ninguna en Florencia”.

“Las cenas secretas nacen en 2014”, explica el chef, “como un experimento, casi un juego, para poner a prueba la capacidad de nuestro equipo para adaptarnos al lugar elegido. Partimos de la idea de crear un pop-up restaurant, que nace y muere el mismo día en un entorno fuera de lo común. Para lograrlo, usamos la experiencia y la filosofía de los supper clubs tradicionales, pero bajo un nuevo prisma, usando entornos cada vez distintos. No tenemos una sede de trabajo fija, ni la queremos”, aclara el cocinero.

No existe un perfil típico de participantes para las cenas secretas. Comensales de más de 50 años se sientan codo a codo con jóvenes de 25. “Es un momento muy social, por eso mucha gente se atreve a venir sin compañía”, dice Lundi, que asegura que las veladas suelen terminar en intercambios de correos y números de teléfono entre los comensales.

Para participar es necesario apuntarse al boletín de correo del colectivo y no dudar demasiado, ya que solo hay 25 plazas, que se asignan por orden de reserva. El precio cambia en función del evento —aunque suele rondar entre los 30 y 45 euros por persona—, así como el menú, que normalmente abarca cuatro platos. “Intentamos reflejar la idea del escenario en la comida”, asegura Lundi. “Proponemos una cocina bastante ecléctica y utilizamos ingredientes originales, aunque contamos con una base más bien clásica. Por ejemplo, nos gusta preparar un risotto y un asado, pero ahumamos la carne con arbustos de romero o la marinamos con paprika. Nos gusta jugar con los colores y sabores inusuales”.

Aunque el precio incluye el vino, los participantes pueden traer una botella desde casa “sin tener que pagarla al doble de precio, como en los restaurantes”, se explica entre las normas del evento publicadas en el sitio del colectivo. Los organizadores también regalan un consejo para los solteros: “Podéis también decidir compartirla con los demás para impresionar a la chica atractiva sentada a vuestro lado”, bromean.
Recientemente, Cuisine Collectif ha lanzado otro ciclo de eventos, el Second Sunday Supper Club. La iniciativa, en asociación con el estudio Claudio Nardi Architects de Florencia, une diseño, arquitectura y buena comida cada segundo domingo del mes, siempre bajo la dirección de un chef diferente, en un antiguo espacio industrial.