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Están ahí desde siempre, aunque no reparemos en ellas. Pero las persianas mallorquinas son una de esas cosas que identifican a la isla balear tanto como sus calas, su catedral o sus ensaimadas. Su nombre proviene del francés persienne, lo que indica el origen persa de las mismas. De hecho, las primeras se exportaron desde Persia al continente europeo en el siglo XVIII. Las tradicionales están fabricadas en madera y sirven para proteger las casas del sol y mantenerlas frescas en las horas de más calor, ya que sus lamas permiten la circulación de la brisa y dejan pasar algo de luz. El color típico es el verde, pero no es extraño encontrarlas también pintadas de azul o colores tierra.