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No todas las montañas son naturales. En Berlín, la Teufelsberg, la “Montaña del diablo” en alemán, es una montaña artificial de 114 m de altura formada por millones de metros cúbicos de escombros. La construyeron los nazis para ubicar en ella la Wehrtechnische Fakultät, un centro de entrenamiento militar, y cuando la guerra acabó, los estadounidenses ubicaron allí su base para espiar las comunicaciones de la Alemania del Este. Con la caída del muro y el fin de la guerra fría, este edificio y sus gigantescas bolas de ping-pong como corona ubicado en el bosque de Grunewald perdió toda su razón de ser y quedó abandonado. Hoy es un mirador donde los grafiteros de todo el mundo han querido dejar su huella.