COMPARTIR
4

Cuentan que fue un agricultor quien tropezó con algunas de sus maderas cuando se encontraba trabajando en la orilla del río Göta, en las inmediaciones de Gotemburgo. Poco tiempo después, en el año 1933, durante los trabajos de desecación de su caudal, se llevaba a cabo el desentierro completo del Äskekärrskeppet. El único barco vikingo sueco del que se conservan vestigios emergía de nuevo reclamando un lugar destacado en la historia de la ciudad. Gotemburgo no se lo negó. Tras los trabajos de restauración, la nave, de nombre impronunciable para los no familiarizados con las lenguas nórdicas, se convirtió en uno de los reclamos del museo de la ciudad.

De los muchos estudios realizados a sus restos, los investigadores dedujeron que el Äskekärrskeppet fue fabricado en el siglo X para el transporte de mercancías y no como barco fúnebre, como llegó a pensarse en un principio. También, que medía unos 16 metros de largo, que llegó a estar en funcionamiento durante casi un siglo y que durante este periodo se vio sometido a varios arreglos. Durante las labores de montaje de la nave se descubrieron, además, inscripciones rúnicas que representaban ganado y monedas y que atestiguan la importante vía comercial que suponía por aquel entonces el río Göta.

Del Äskekärrskeppet apenas quedan ahora unas cuantas maderas que durante años surcaron las aguas del río sueco. Pese a no ser creado como barco de batalla, con la belicosa fama que se granjearon con sus incursiones los guerreros vikingos, es probable que la nave se viera envuelta en más de una trifulca naval. Lo que pudo ocurrir sobre aquellos listones es hoy pura conjetura. Sobre lo que no hay vacilaciones es sobre el valor del Äskekärrskeppet como privilegiado testigo del pasado de Gotemburgo.