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El verano de 2011 arrancó de forma extraña en Catania. Apenas un mes antes del comienzo del periodo estival, el Etna entró en erupción. El espectáculo de lava era visible desde la ciudad siciliana. Mientras, el día seguía ganando horas a la noche. Los relojes lo evidenciaban. Pero no lo era lo único. Durante algo más de una semana, confundieron a los habitantes de Catania y alrededores al adelantarse solos 15 minutos al día.

Los relojes digitales de los ordenadores, electrodomésticos y de diversos sistemas eléctricos del este de la isla habían enloquecido. Las autoridades y ciudadanos lo constataron. No se trataba de casos aislados. Los miles de testimonios en redes sociales de ‘víctimas’ de la locura de los relojes así lo demostraban.

Durante varios días, expertos en informática y electrotecnia trataron de encontrar una explicación al misterioso suceso. El Etna se perfilaba como principal sospechoso. Los cambios electromagnéticos ocasionados por su reciente erupción parecían la respuesta más plausible en un principio. Aunque al poco tiempo se desechó por una más sencilla: las tareas de mantenimiento del cable eléctrico submarino que conecta Sicilia con la península itálica. Una ligerísima variación en la frecuencia de la corriente alterna (de 50 Hz a 50,13 Hz) provocó el adelantamiento de los relojes eléctricos.

El misterio de los relojes enloquecidos tenía por fin una explicación… subacuática.