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No es un triángulo perfecto, pero tampoco le hizo falta. Los tres vértices de la silueta de Sicilia sirvieron de argumento suficiente al pragmatismo de los romanos que no se complicaron y la llamaron Trinacria (triangular). Aunque sería finalmente el nombre con el que la conocían los griegos, Sikelia (denominada así por las tribus nativas que la habitaban, los sículos), la que se impondría y de la que se derivaría la denominación actual de la isla con capital en Palermo.

Puede que ya no resulte evidente en su nombre, pero el número tres sigue guardando una relación especial con Sicilia. Es algo que puede apreciarse en su bandera y en su escudo, formado por un trisquel de tres piernas sobre el que se asienta la cabeza de Medusa.

Según cuenta la leyenda, cada una de aquellas tres extremidades pertenecen a sendas ninfas que recorrían el mundo recogiendo lo más bello que encontraban de cada lugar por el que pasaban. Cuando nadaban por el Mediterráneo les llamó la atención lo cristalinas que resultaban las aguas en un determinado punto. Tanto les gustó aquel trozo de mar que decidieron depositar allí un fruto. Cada una dejó el suyo en un lugar diferente, formando un triángulo. De aquella forma geométrica surgió de pronto una isla que albergaba todas y cada una de las cosas bellas que las ninfas habían cosechado de sus andanzas por el planeta. Sicilia brotaba y se cimentaba sobre el número tres.