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Hay quienes consideran Londres una ciudad majestuosa y llena de tradiciones que sigue con un ojo puesto en su pasado imperial. Otros la ven como centro neurálgico del arte underground y la cultura pop. Todos ellos sonríen creyendo que los otros están equivocados, que la verdadera Londres es la que ellos disfrutan.

Pero Londres ríe más fuerte, y ofrece un solemne cambio de guardia aquí y un macroconcierto al aire libre allá para que cada quien se encaje el sombrero o se calce las botas de agua a su gusto.

La receta exacta que hace que tantos extranjeros sientan Londres tan suyo nadie la conoce, pero se sabe que contiene un puñado de ese característico humor sin carcajadas, otro de un sentimiento monárquico con un toque de guasa; una buena dosis de encuentros imprevistos en el Soho y una pizca de inevitables estereotipos: los autobuses de dos pisos, las cabinas, los bombines. Y que, una vez cocinada esa receta, la sirve templada un camarero vestido por Vivienne Westwood mientras de fondo suenan temas del primer Bowie.

Los londinenses, orgullosos de serlo, fingen ignorar que casi todo el que quiera puede pertenecer de algún modo a Londres.

Realización e Ilustración FRAN MARCOS

Fotografía JESÚS LEONARDO

Make up & Hair SILVANA SOUZA

Model SAM ROMBERGER at UNO MODELS