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Mi recomendación parisina es gastronómica. Se trata del restaurante Bouillon Chartier, un local con carácter decimonónico que parece no haber sido reformado demasiadas veces desde su apertura en 1896. La multitud de gente a la entrada del establecimiento nos hizo intuir que aquel sitio se había ganado su buena fama por algo. Y no nos decepcionó. El pato confitado me entusiasmó y no digamos la copa de MontBlanc que pedí de postre. El precio es asumible para un presupuesto medio (aunque algunos platos eran bastante caros, eso sí). Lo dicho, pese a la cola que tuvimos esperar para entrar, mereció la pena.

LEYRE ALONSO

Asturias-París. Seat 28D