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Que mi mejor amiga de toda la vida se marchara a vivir a otra ciudad fue un golpe tremendo. Pasados cinco años, la pena se lleva mucho mejor. Sobre todo porque la distancia no ha mermado nuestra amistad y porque la ciudad a la que se marchó es lo más parecido a un paraíso cercano. Cada vez que la visito, recibo ración doble de alegría: la de volver a ver a mi casi hermana y la de la dosis extra de luz mediterránea que me llevo conmigo de vuelta.

RAQUEL M. SOLANO

Santiago – Alicante. Seat 7C