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De Lisboa me llevé los inolvidables paseos por el Barrio Alto y la Alfama, los recorridos en tranvía, la visita al Castillo de San Jorge, a la Torre de Belém, la catedral o la Praça do Comércio. Pero también creo que traje conmigo un poco de saudade, esa especie de melancolía que solo los portugueses pueden explicar. Aunque tal vez sea simplemente nostalgia por los días tan maravillosos que pasé en la capital lusa. Sea una cosa u otra, creo que no me quedará más remedio que volver.

CRISTÓBAL RODRÍGUEZ LASO

Ibiza – Lisboa. Seat 16A