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Hace casi un siglo,  el escritor y periodista Wenceslao Fernández Flórez recibió una invitación de sus colegas alicantinos de la Asociación de la Prensa para visitar la provincia. Tras aquel viaje, Fernández Flórez escribió una serie de artículos en el diario ABC que tituló: Memorias de un devorador de arroces, aludiendo al elevado número de platos de arroz que probó durante su periplo. Y es que, según Don Wenceslao: “Mucha gente bondadosa  de Denia, de Alcoy, de Elda y de Novelda descubría en la lista de arroces que yo había de gustar la falta de un condimentó importante, y me lo brindaba”.

Los alicantinos presumen de que en sus cocinas se preparan al menos 365 arroces distintos, uno por día del año.  Arroces que, a grandes rasgos, se pueden agrupar en tres familias: los caldosos o melosos; los de horno, preparados en cazuela, y los arroces en paella (o paellera), cada uno de las cuales tenían su aplicación principal: respectivamente, los arroces de diario, los de consumo durante las labores del campo, y los sociales en paella elaborados en fuego de leña en espacios abiertos.

El arroz con costra es uno de los más típicos de Alicante y cabe encuadrarlo en la familia de los arroces al horno. Originalmente, la costra se obtenía poniendo sobre el arroz una costrera que se cubría con brasas incandescentes, que proporcionaba el acabado que hoy se consigue con el grill del horno.

Se trata de un arroz con carne bien de cerdo, bien de conejo, acompañada de embutidos  como butifarras, longanizas o chorizos. Junto a ellos, y además del tomate, unas veces sí y otras no, garbanzos. Se remata con huevo batido que le proporciona su característica costra. Como puede verse, un plato contundente.

Ello no quita para que los devoradores de arroces término que además de Fernández Flórez utilizó también Josep Pla en su obra Lo que hemos comido sean capaces de trasegar no uno sino varios platos. En el blog Gastrosoler se reproduce el libro Gastronomía Alicantina, escrito por José Guardiola en 1944, donde se relata una comida en 1880 organizada para agasajar al político Emilio Castelar. Al almuerzo, previsto para la una, no llegaba el diputado.

Tras una espera de hora y media se sentaron a la mesa, justo cuando llegaba Castelar. El invitado no sólo tomó el primer plato de arroz con costra, sino que, además pidió un segundo. Para no amargar la comida a sus correligionarios, Castelar no explicó el motivo de su retraso. Pero como al final todo se sabe, se supo que el político venía de otra comida donde había despachado… otros dos platos de arroz con costra.