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Cuando  JRR Tolkien —quien pasó toda su infancia y juventud en Birmingham— buscaba inspiración a mediados del siglo pasado para sus obras El señor de los anillos y El Hobbit, pudo encontrar referencias de bosques y paisajes en los alrededores de su casa en la capital de los West Midlands. Pero cuando tuvo que alimentar a Frodo y compañía para sobrevivir en sus correrías por la Tierra Media, no encontró esa inspiración y no le quedó más remedio que  inventarse los alimentos que sus personajes consumían.

Hoy en día, el gastronómico es un atractivo más para los viajeros que visitan Birmingham. Además de recorrer la mansión Aston o visitar la galería Ikon, esos viajeros buscan ávidamente el Triángulo del Balti, situado al sureste de la ciudad, donde la comunidad paquistaní sirve sus especiados platos.Según los datos del censo de 2011, los paquistaníes (con el 13%) son el segundo grupo étnico de la ciudad de Birmingham, tras los británicos (53%). Y gracias a los paquistaníes, y a ese fenómeno que se denomina multiculturalismo, el Triángulo del Balti figura hoy en todas las guías para descubrir la ciudad. Y no sólo eso, sino que el Reino Unido pugna por el reconocimiento del Balti de Birmingham como especialidad tradicional en la Unión Europea, como antes lo hicieron los criadores de pavos de granja o los de cerdos con pintas de Gloucestershire.

Sin embargo, para situar la cocina Balti en el lugar que hoy ocupa ha sido necesario desechar algunas de las técnicas e ingredientes que la vinculaban a la cocina del subcontinente asiático para amoldarse a los gustos del consumidor occidental. Para empezar se ha sustituido el ghee —una manteca muy oleosa— por aceites vegetales como el de girasol, más ligero. También se han dejado a un lado las pastas de curry —más fuertes— para emplear por separado las especies originales: canela, comino, cardamomo, cilantro, pimentón o jengibre. Y, finalmente, se arrinconaron las lentas cocciones para dar paso a una elaboración más rápida y acorde a los tiempos actuales. Y, así, las carnes de pollo o cordero o los vegetales como la coliflor se cuecen en especiadas y picantes salsas que siguen  llegando a la mesa en los recipientes donde se cocinan —también denominados balti— que permiten conservar todos sus olores y sabores.