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No hay ningún lugar en el mundo igual que Marte y la Luna, pero sí existe uno que se parece a ambos: Lanzarote. Esa similitud con el origen de todas las cosas ha convertido esta isla canaria en escenario de películas y libros protagonizados tanto por dinosaurios como por alienígenas y cualquier ser cuyo hábitat sea o pueda ser una superficie casi desnuda. La realidad no es menos: la isla de los volcanes atrae a astronautas que, desde 2015, emulan estancias en Marte como lo hacen en el Hawai ‘i Space Exploration Analog and Simulation.

Aunque Werner Herzog descartó su idea inicial de usar tomas de Lanzarote para mostrar un paisaje de otro planeta en Fata Morgana, María Lidón sí convirtió la isla en Marte con Náufragos. Esta similitud con el planeta rojo que inspiró a directores de cine ya era evidente en la toponimia antigua. Antes de que el navegante genovés Lanceloto Malocello llegara a la isla en el siglo XIV, el lugar era conocido por sus aborígenes como Titerogakaet. Al parecer, este topónimo sería de origen bereber. Se han planteado varios posibles significados que aluden a su paisaje: «la que está quemada» o «montaña colorada». No obstante, Lanzarote ha necesitado millones de años para ponerse a punto.  

El Atlántico se abrió, África se movió como la aguja del reloj y la lava comenzó a desplazarse, aún sin salir a la superficie. Estos movimientos dieron paso a las Islas Canarias, que comenzaron a surgir en la Era Jurásica y fueron tomando forma a base de vomitonas de lava, rocas alcalinas y basalto. El origen del archipiélago se llegó a relacionar con el mito de la Atlántida, aunque no hubo pruebas fehacientes de que aquellas islas fueran las cumbres del continente hundido del que hablaba Platón. Lanzarote, que emergió hace 15 millones de años, es la que menos erupciones ha vivido, pero la magnitud ha sido mayor que en el resto de islas. De ahí que su paisaje, tras 2.141 días activos, se convirtiera en el más alterado de Canarias por la actividad volcánica.

Primero asomaron los macizos de los Ajaches y Famara. Cuando el clima todavía no era árido, la lava arrastró el agua que alimentaba los bosques de sus cumbres y dio lugar a acuíferos. Todo ese proceso fue moldeando el aspecto marciano de un libro abierto en el que se suceden varios tonos de ocre. La actividad volcánica, la escasez de precipitaciones, el viento y las temperaturas estables han ido formando un manto prácticamente desnudo de vegetación salpicado de volcanes, coladas de lava, grutas, mantos de piroclastos, valles, acantilados, cañones, islotes, playas y dunas. En 1993, la isla fue declarada Reserva de la Biosfera y, en 2015, Geoparque Mundial de la UNESCO.

Escuela de astronautas

Existen tres formas de explorar Marte: el estudio de meteoritos marcianos, las misiones y los análogos de Marte. Los últimos no son réplicas exactas del planeta porque no hay ningún lugar en la Tierra que sea idéntico. Pero sí permiten, por sus condiciones geológicas, el estudio del planeta rojo con más o menos garantías.

La ESA buscaba uno de estos análogos, un lugar en el que llevar a cabo su proyecto PANGEAE para entrenar astronautas en Europa como si estuvieran en Marte. Las islas canarias, sus zonas volcánicas y de escasa vegetación, llevaban tiempo siendo escenario de batallas interplanetarias en el cine. Ya en los años 70, durante la misión del Apolo 17, se utilizaron fotos del Timanfaya para imaginar cómo sería la Luna.

Jesús Martínez Frías, geólogo del Instituto de Geociencias e instructor de PANGEAE, ha trabajado en Canarias desde 1987 y en 1999 propuso «por primera vez su relevancia científica planetaria y astrobiológica». El primer lugar en el que, en colaboración con la Universidad de la Laguna y el Museo de la Naturaleza y el Hombre, encontraron tales similitudes fue Tenerife, concretamente, Anaga.

La ESA llegó a un listado de lugares con geología volcánica, sedimentaria y con cráteres de impacto. «Entre los que encontramos Lanzarote, que tiene la ventaja de ser accesible todo el año y con unas condiciones estables», explica Loredana Bessone, instructora de la ESA y directora del proyecto PANGEAE.

Aunque Martínez Frías aclara que el lugar no es idéntico porque no hay ningún equivalente en la Tierra ni de la Luna ni de Marte, «ni siquiera como fue en el pasado cuando disponía de un sistema geológico más activo que en la actualidad», afirma que sí «existen determinadas zonas que nos permiten realizar analogías científicas, probar modelos y nueva instrumentación planetaria». Este geólogo, que ha asesorado a la NASA y a la ESA en las últimas misiones a Marte, considera que Lanzarote es una «perla científica», así como «un auténtico museo geológico y un laboratorio natural para el desarrollo de estas investigaciones».

Los volcanes y el agua, dice, son los principales elementos que permiten establecer este paralelismo. Del mismo modo, el predominio del basalto y los procesos morfológicos que ha vivido la isla permiten interpretar cómo pudo ser Marte en el pasado, así como su habitabilidad sin salir de Canarias.

«En relación con la Luna, su importancia radica más en las pruebas de instrumentación y en la fabricación de simulantes regolíticos lunares», añade. El regolito es una capa irregular de unos 4.000 años que produce el impacto de un meteorito sobre una superficie. En la luna, se convierte en una especie de alfombra abarrotada de restos rocosos que cubre toda la superficie de este satélite de la Tierra.

Loredana Bessone asegura que, así como «la Luna y Marte en la actualidad son geológicamente muy estables y en ambos el volcanismo ha sido un proceso muy importante», en Lanzarote encontramos «uno de los sitios en la Tierra donde la vegetación no ha cubierto la superficie, dejando paisajes lunares y marcianos muy accesibles y protegidos». Cometer errores aquí es fundamental: «Más aprenderemos para evitar encontrarnos un día en la superficie de la Luna enfrentados a situaciones desconocidas”, remacha esta instructora de astronautas.

Tras dos años de resultados positivos, tanto Bessone como Martínez Frías esperan que este curso en el que participan astronautas como el español Pedro Duque y el italiano Luca Parmitano, se repita este año. Así, Lanzarote volvería a convertirse en Marte por unos días.

Las posibilidades que ofrece a la isla de los volcanes su aspecto marciano van más allá del ámbito planetario y astrobiológico. Por eso el Cabildo Insular de Lanzarote, junto con el Instituto de Geociencias, han llegado a un acuerdo mediante el cual aspiran a convertir parte del Geoparque en el «Rincón de Marte». Más allá de las actividades científicas y educativas, su objetivo es promover el interés geoturístico en la isla. Una forma de que cualquiera pueda acercarse a Marte y a la Luna sin atravesar la atmósfera terrestre.

Lanzarote en el cine de ciencia ficción

Hace un millón de años – 1966 – Don Chaffey

Órbita mortal – 1967 – Primo Zeglio

Fata Morgana – 1971 – Werner Herzog

La isla misteriosa y el capitán Nemo – 1973 – Juan Antonio Bardem y Henri Colpi

Enemigo mío -1985 – Wolfgang Petersen

Náufragos – 2002 – María Lidón

Furia de titanes – 2010 – Louis Leterrier

 

Photo: ESA