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El corazón histórico de Lyon está atravesado por pequeñas arterias invisibles a los ojos de la mayoría. Son los conocidos como traboules, unos pasadizos angostos que cruzan los patios internos de los edificios hasta desembocar en otra parte de la ciudad. Se ocultan detrás de puertas que, a simple vista, parecen conducir a edificios; sin embargo, a través de ellas se accede a estos misteriosos túneles de los que solo unos pocos conocen su ubicación exacta.  

Con un valor estético e histórico incalculable, los traboules son una parte importante del patrimonio de la ciudad de Lyon. René Dejean, autor del libro Traboules de Lyon, l’histoire secrète d’une ville (Traboules de Lyon, la historia secreta de una ciudad), los describe como “caminos reservados a los peatones, a menudo muy estrechos, que cruzan uno o más edificios o patios para conectar una calle con otra”. Aunque si bien es cierto que la mayoría son túneles horizontales, también se pueden encontrar tramos de escaleras verticales que buscan salvar los desniveles propios de la ciudad.

Se calcula que en Lyon existen unos 400 traboules que se reparten entre el barrio de Vieux Lyon, la parte antigua de la ciudad donde se concentran unos 215; la Croix-Rousse y la Presqu’île. Sin embargo, no todos están abiertos al público ni resulta fácil dar con ellos. Por eso mismo se ha extendido sobre ellos un halo de misterio y resulta tan emocionante recorrer la ciudad buscando las puertas que encierran estos pasadizos.

Se cree que los primeros traboules fueron construidos en el siglo IV para facilitar el acceso al agua del río Saona a los habitantes del antiguo Lyon. Años más tarde comenzaron a excavarse pozos de agua potable en los patios interiores de los edificios. Este avance, lejos de provocar el desuso de los pasadizos, hizo que estos tuvieran más tráfico que nunca ya que las personas los utilizaban para llegar a los patios y coger agua.

Años más tarde, en el siglo XIX, se vivió una gran expansión de este concepto arquitectónico en el barrio de La Croix-Rousse. Allí se construyeron las casas en las que vivían los tejedores de seda, que usaban los traboules para llegar a la zona baja de la ciudad donde se encontraban los comerciantes de telas. En 1862 se inauguró la Ficelle, el primer funicular del mundo, que permitió subir las mercancías sin esfuerzo aunque los habitantes de Lyon seguían utilizando los traboules para bajar.

Este laberíntico entramado de pasadizos también jugó un papel importante durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana. Los resistentes utilizaron esta red para huir u ocultarse del control de los ejércitos enemigos.

Así, los traboules nunca cayeron en completo desuso y hoy en día, quienes los conocen, continúan utilizando aquellos que siguen abiertos para poder para atajar algunas calles. Por el camino uno se encuentra con bellos patios renacentistas, escaleras infinitas y galerías escondidas.

Merece la pena visitar la Cour des Voraces, un patio de 1840 con una impresionante escalera. La arquitectura de este lugar resulta exquisita y por eso ha sido elegido como escenario de varias películas. También destaca el Passage Thiaffait, un traboule industrial que actualmente alberga las tiendas de jóvenes diseñadores que pueden exponer allí sus ropas durante seis meses.

La mejor forma de llegar a los traboules es utilizar una aplicación de móvil con mapas en tiempo real. Se puede encontrar por el nombre de “Traboules par Lyon Tourisme et Congrès”, es gratuita y está disponible para todos los dispositivos en inglés y francés. Otra opción es hacerse con un mapa en la oficina de turismo. Es la única forma de llegar a los traboules que rara vez se encuentran señalizados. Es importante visitarlos durante el día, ya que por la noche cierran, y atravesarlos con discreción para no molestar a los vecinos de las casas de alrededor.

Girar el pomo de una puerta, en medio de la calle, sin saber qué encontrará uno al otro lado resulta emocionante. Si aciertas, te encontrarás por el camino muchas sorpresas.  Visitar los pasadizos de Lyon (o al menos intentarlo) es recorrer el corazón de la ciudad, profundizar en su historia y descubrir rincones únicos.