Circuito alternativo en la ciudad múltiple

Paris

COMPARTIR
10

París tiene cielo, infierno y purgatorio. Divinas comedias y divinos dramas. Tiene metro, batobus y un funicular que sube a Montmartre para que veas el Sena, la torre Eiffel y todos los monumentos de las postales que has evitado comprar. Si te sales de su perímetro metropolitano, llegas a barrios más propensos a aparecer en las noticias que en las guías y a lugares que jamás recomendarías para una visita fugaz a la capital francesa, tan múltiple e infinita. En esos lindes también hay un recorrido extraño, mágico, alternativo: caminar por las vías ferroviarias que el tiempo condenó al ostracismo y la naturaleza ha rescatado.

Una buena idea para escapar de lo trillado. Acostumbrados a los adoquines de La Sorbona, este circuito no goza del prestigio artístico de la Rive gauche, pero brinda la oportunidad de ver algo que ha hecho más por la ciudad que sus viviendas bohemias. Se le denomina Le Petite Ceinture, el pequeño cinturón, al tramo de vías que transportaba mercancía a lo largo de los llamados Boulevards des Maréchaux. Funcionó hasta 1934, cuando cesó el tráfico y quedó abandonado.

“Los raíles se cubrieron de óxido y los alrededores, de plantas”, cuentan en la web Dondeviajar. republica.com. Esta transformación orgánica los sacó de la jubilación eterna. “En 2008, la ciudad decidió recuperar un tramo de este espacio abandonado”, explican, “que es el que se extiende desde la Porte D’Auteuil hasta la Gare de Passy-La-Muette”. Cerca de dos kilómetros al oeste con más de 200 especies vegetales y de 70 animales. Flora y fauna surgida de las cenizas de una época más productiva.

Porque en sus orígenes fue un conjunto de líneas que se abrieron por secciones entre 1852 y 1869. “El objetivo inicial era el de unir las terminales de distintas empresas entre sí para el movimiento de mercancías y personas y para reforzar las defensas de la ciudad (transporte de suministros y tropas) en una eventual guerra”, relata Abel Ruiz, responsable de la citada página de internet. “Al principio solo se transportaban mercancías, con la salvedad de la línea de Auteuil, que durante casi 15 años transportó pasajeros”, resalta. “La línea cayó en desuso durante la década de los noventa y quedó inutilizada en gran parte”.

El itinerario ofrece un respiro a una demografía que alcanza los 10 millones de habitantes en 105,4 kilómetros cuadrados de superficie. “El acceso es abierto y se puede visitar todo el año, incluso se alquilan sillas para discapacitados adaptadas para el terreno”, cuenta Ruiz. La oficina de turismo de París apunta que, aparte de esa descongestión urbana, la vía verde ofrece revivir el pasado campesino de la región. Porque el distrito XVI, donde se ubica este trecho, pertenecía a ese sector de peso en el país ya relegado a otros márgenes: cereales, vides y verduras que hoy se confinan en prados de otros rincones también rodeaban este núcleo económico y cultural.

Como suplemento, la institución pública agrega más pedazos a este “pequeño cinturón”. Uno es en el distrito XII, con un jardín comunitario en 200 metros de paseo. La entrada se encuentra en el número 21 de la Rue de Rottembourg. Otro es lo que hay entre la plaza Balard y la Rue Olivier de Serres. Y el último, acondicionado en septiembre de 2015, se sitúa en el distrito XIII y va del jardín Charles Trenet al jardín Moulin de la Pointe, con acceso por el 60 de la rue Damesme. Todos entre edificios de nueva construcción y una vegetación que igual puede ser yerma que abundante y descuidada.

Silencio y sensación de salvajismo que se opone a lo turístico del resto de la ciudad. “Pasear por La Petite Ceinture no es hacerlo por un jardín idílico. Al contrario, las paredes que rodean el camino están repletas de grafitis sin demasiada pretensión artística y las vías todavía están pobladas de plantas de todo tipo”, resaltan en Donde Viajar, incidiendo en esa cualidad de contraste que lo caracteriza. Y a esa dualidad de esta ciudad, bregada en motines, reconversiones y en acoger visitantes. Así lo recomiendan en la web: “Si recorres este camino, descubrirás otra cara de la capital francesa que todavía es desconocida incluso para muchos parisinos. Naturaleza, tranquilidad y… ¡París!”.