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Zoco es la adaptación al español de la palabra árabe سوق, pronunciada sūq. Para entendernos, hablamos de los mercadillos y el centro de la vida comercial en países árabes. En Marrakech, la antigua capital imperial de Marruecos, está uno de los más grandes del norte de África, un laberinto de puestos con objetos brillantes y azulejos, dulces y lámparas. Con más de 2.500 comerciantes agrupados por gremios, las guías de viaje lo definen como la cuna del regateo. Pero bajar el precio de los productos es un arte en el que no todo el mundo está versado.

“Lo primero es que con la comida nunca se regatea, es muy raro; pero del resto, puedes regatear con todo”, comienza sus recomendaciones Nuria, hija de marroquí y española que vivió hasta la mayoría de edad en Marruecos. “Los precios no están puestos, así que tienes que preguntar, y todo depende de tu táctica o de la impresión que des”.

Los vendedores analizan al comprador. Lógicamente, cuanto más aspecto de local mejor y si encima se tienen unos conocimientos de árabe, todo será más fácil y barato. Si no, el precio de inicio será alto. Un consejo importante es siempre llevar billetes pequeños.

“Para empezar, preguntas el precio. ¿Cuánto cuesta esto? Y te contestan. Entonces pones una cara. Puede ser de sorpresa. O de risa. O de ‘ni en broma’. Luego el vendedor te va a decir que viene de España o que es de muy buena calidad”, continúa Nuria, “y ahí vas intentando bajar y bajar poquito a poco, hasta que lanzas el farol final y amenazas con irte”. Con esta última treta, asegura, en nueve de cada diez casos el precio baja.  

Cuando es una excursión conjunta, es bueno que se establezca quién del grupo será el negociador. El más desvergonzado o el que tenga alma de vendedor debería ser el elegido. Si es la primera visita, es buena idea darse una vuelta e ir preguntando los diversos precios para hacerse un panorama general. También es importante establecer mentalmente un precio máximo y, si durante la negociación se sube de ahí, plantarse.

“La mejor herramienta para regatear es echarle risa y humor. Una vez, con mis amigas, nos saltamos el instituto para ir al zoco a echar la tarde”, recuerda Nuria; “yo, como parecía la más guiri, me hice la muda, y entonces mis amigas empezaron a regatear el precio de unos pantalones vaqueros y a decirle que 200 dírhams era mucho, que me los tenía que dejar por 100”. Cuenta que empezó a hacer como un teatrillo y que le hizo tanta gracia al vendedor que al final se los llevaron por 50.

Hay que entenderlo como un baile, un juego, algo que disfrutar, en el que Nuria lanza un último consejo. Una vez preguntado un precio y metido de lleno en la negociación, es de mala educación no acabar llevándose el objeto en disputa. Puede que las primeras veces salga mal, pero hay que recordar el antiguo refrán de que la práctica hace al maestro. Y en el zoco de Marrakech hay un laberinto de puestos llenos de objetos brillantes y azulejos, dulces y lámparas, con más de 2.500 vendedores para lograr un máster en regateo.