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«¡Sentaos o juro que dispararé! Sentaos, porque lo que estáis a punto de ver hará que le deis las gracias a Dios». Así se dirigió el cantante inglés Neil Landon al público que se había congregado en la discoteca Sgt. Peppers de Mallorca el 15 de julio de 1968. Eran pocos y casi todos ingleses, salvo contadas excepciones, como algunos miembros de Los Bravos. Tras esta amenaza, lo que comenzó a sonar fue uno de los principios más conocidos de la historia del rock: las primeras notas de Hey Joe.

Del único concierto que dio Jimi Hendrix en España queda más de mitología que de realidad: dicen que asistieron todos los mallorquines, que fue gratuito, que fue monumental e histórico y que existe una misteriosa grabación. Algunos de los que le vieron aquellos días por Mallorca, que le escucharon tocar y que hasta compartieron barra con él, no sabían que quien estaba a su lado era uno de los mejores guitarristas de la historia.

Ángel Mendoza Parra es uno de los mallorquines que fueron a la Sgt. Peppers aquella noche. Reconoce que vio a Hendrix por pura casualidad; que él sólo había ido a una discoteca «a trasnochar y a ver si salía un baile» y que le dejaron pasar gratis. «Estaba tocando él y volví diciendo: “He visto a un músico y no veas cómo tocaba”. Me quedé alucinado, parecía que la guitarra hablaba, pero yo no sabía quién era y no creo que fuera muy conocido por aquí. Hacía cosas raras con la guitarra para arriba y hacía como que se iba a caer», relata.

Miquel Aguiló Pallicer no tuvo la misma suerte. Todavía recuerda con pesar la razón por la que se quedó sin ver a Jimi Hendrix hace casi medio siglo: «Me quedé con las ganas porque costaba 500 pesetas, que era exactamente lo que ganaba al mes. De gratis, nada. Lo que es posible es que no cobrara como en otros conciertos porque el dueño de la discoteca era manager de The Animals y debió de promocionar su local». Los que asistieron al concierto, así como los periodistas que escribieron la crónica del evento, coincidieron al aplicarle adjetivos que distan mucho de la imagen mítica y mágica que aún sobrevuela la isla: patético, espantoso, insoportable, nefasto. Los cronistas de Diario de Mallorca llegaron a describirlo como un «martirio para los tímpanos delicados».

Al tocar Purple Haze, Hendrix incrustó el clavijero de su Stratocaster en el techo de la discoteca que estaba inaugurando aquella noche. La sala era espectacular en comparación con las de su época. Tenía capacidad para mil personas, lanzaba humo, confeti, luces de colores… Pero, al parecer, el techo era lo bastante bajo como para que pudiera golpearlo sin esfuerzo. La imagen de Hendrix quemando su guitarra en el Monterrey Pop Festival circuló por todos los medios  y decir que dejó huella en Mallorca era demasiado tentador. Pero el músico también sufría pequeños accidentes cotidianos y el techo estaba cerca y era débil.

Hendrix había llegado un día antes a la isla, pero los músicos de su banda, The Jimi Hendrix Experience, llevaban ya una semana compartiendo jam sessions con Los Bravos. Al día siguiente estaba previsto que tocaran en Madrid, pero tal fue el revuelo provocado en Mallorca que la actuación fue cancelada.

Tras la cancelación del concierto en Madrid, Hendrix y sus músicos se quedaron de vacaciones por la isla. El periodista musical Tomeu Canyelles escribió que no faltaron «ni las carreras de karts en S’Arenal ni las corridas de toros con El Cordobés como gran protagonista. Día sí y día también se les pudo ver cenando en el barrio de El Terreno, para después dar una vuelta por la plaza Gomila».

Una noche volvió a Sgt. Peppers cuando Z-66, la banda mallorquina del momento, estaba tocando. Hendrix quería unirse a ellos y así se lo dijo al relaciones públicas, a quien convenció para subir con los músicos mallorquines. Sin su Stratocaster a mano, agarró una Les Paul y tocó varios blues con la banda de Lorenzo Santamaría. «Él hizo su concierto, que fue un escándalo, ¡agujereó el techo de yeso con su guitarra!, y al día siguiente, en nuestra actuación, apareció y se puso a tocar blues. Lo repetimos otro día. Yo ni me atreví a cantar: estaba cagado». Así lo describía Santamaría en 2012, en una revista para El Periódico.

El cortometraje Niño Vudú, de Toni Bestard, continuó creando un aura mítica en torno a la visita de Hendrix a Mallorca. Hay quienes todavía aseguran que el concierto en la discoteca Sgt. Peppers está grabado, que fue robado, que desapareció, que nadie lo ha visto. Lorenzo Santamaría tiene claro que existe tal grabación y que en algún lugar ha de estar. El mito nació después y sigue creciendo.