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Como suele ocurrir en todas las grandes ciudades, Barcelona esconde infinitos tesoros, dimes y diretes, sucesos y leyendas. ¿Os suena el Monasterio Benedictino de Sant Pau del Camp y su probable nexo con las Las señoritas de Avinyó de Picasso? ¿Y sabíais que hubo un famoso taxidermista en la plaza Real donde acudía el mismísimo Salvador Dalí?

¿Habéis visto el extraordinario mural de Keith Haring en El Raval que reivindica la importancia de protegerse contra el Sida? ¿Y qué decir de los refugios subterráneos, el llamado “barrio chino”, la historia del mítico faro de Montjüic, el otrora circo de Buffalo Bill en el Eixample o el periplo de Nicomedes, aquel verdugo oficial de tiempos más sórdidos? Son algunos relatos que viajan de generación en generación, redescubriendo una narrativa agazapada, recóndita y fascinante de esta urbe tan internacional.

“Hay muchos motivos para venir a Barcelona. Aparte de los típicos reclamos de la playa, el clima, la cultura, la gastronomía y las vistas inmejorables desde el Tibidabo o el Carmel, yo le sumaría la posibilidad de perderse por las calles e indagar acerca de todas esas curiosidades desconocidas, que no salen en las guías turísticas y que son realmente sorprendentes”. Palabras de la historiadora Roser Messa, autora junto al ilustrador Pep Brocal del Anecdotario de Barcelona en la editorial Comanegra, cuya sede se encuentra en una antigua fábrica de muñecas.

Claustro de Sant Pau del Camp

 

Un hecho aparentemente baladí, de acuerdo, pero muy revelador: casi todo lo que observamos hoy en día en las metrópolis arrastra el bagaje de varias vidas, intensos momentos que forjan su fisonomía, su carácter, sus señas de identidad. Y en este libro aprendemos muchas rarezas y singularidades de la Ciudad Condal, cuya fundación se atribuye a Hércules.

Ahora miremos con atención. Pongamos que hablo del monasterio benedictino de Sant Pau del Camp, entre la avenida del Paralelo y la rambla del Raval. Un ejemplo de arquitectura religiosa medieval del siglo IX que se conserva en perfecto estado en mitad de Barcelona y que choca por su estética y solera, ejerciendo de anacrónico y sempiterno testigo urbano entre edificios más prosaicos como un cuartel de la Guardia Civil, comercios paquistaníes, un gimnasio y bares por doquier.

En el interior, un recoleto y precioso claustro acoge al visitante. Y cuentan que durante su estancia en la capital catalana, Pablo Picasso acudía allí a menudo. “De hecho, dicen que la decoración de uno de sus capiteles, el relacionado con el pecado original donde aparece el rostro de Eva, le sirvió de inspiración para realizar su obra Las señoritas de Avinyó, dedicada a las prostitutas de un burdel de la calle Avinyó”, apunta Roser Messa.

Sant Pau del Camp

 

A continuación, desplacémonos hasta la plaza de Joan Coromines, detrás del MACBA. El artista y activista Keith Haring pintó en 1989 un mural portentoso con el fin de concienciar a la población de la necesidad de protección frente a la enfermedad más letal de la época. Su legado creativo contra el Sida es una réplica del original, que estaba en la plaza Salvador Seguí, un área ciertamente degradada en el emblemático barrio del Raval donde el dibujo quedó desfigurado.

Razones de fuerza mayor Haring falleció de Sida en 1990 impidieron restaurarlo en aquella ubicación inicial y, como recuerda Roser Messa a Ling, “entre el Ayuntamiento de Barcelona, el MACBA y la Keith Haring Foundation acordaron que lo mejor para salvarlo era calcarlo y trasladarlo a su ubicación actual. Y así se hizo”. En 2014, cinco lustros después del grafiti de Keith. ¿Nos acercamos a verlo? ¿O mejor localizamos al taxidermista del Nº 8 de la plaza Real? No, aquí sí que ha cambiado más la película y en la actualidad el negocio lo ocupa un restaurante.

Aunque la estructura se mantiene como en aquel taller del popular Josep Palaus, aquí ya no se disecan animales como antaño. Eso sí, recalcan los autores del Anecdotario de Barcelona, “el interior está decorado con abundantes fotografías de la época, cuando Salvador Dalí era uno de sus mejores clientes y el torero Mario Cabré le encargó al taxidermista que le disecara la oreja de un toro que acababa de matar para regalársela a Ava Gardner”.

Mural de Keith Haring (MACBA)

 

Sin duda, lo que tiene de especial y misterioso un lugar con miles de años de antigüedad es que oculta parte de su historia. Una verdadera historia interminable. Una historia que jamás quedará escrita por completo y que permanece en constante evolución, desvelando detalles nuevos, impredecibles o reiterativos. Reminiscencias de ese pasado que construyó con mayor o menor acierto cada instante. El presente. Acaso el futuro. Porque, más allá de los iconos excelsos de la superficie barcelonesa, existe un mundo apasionante. El que convierte al viajero en explorador. El que te explica, más y mejor, la vida misma.

 

Photo: Roser Messa