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Recordemos la canción de los Pitufos: “En un bello país/que muy lejos está/ existe una ciudad/ pitufa de verdad…”. Sí, esa ciudad podría ser Ginebra, el lugar donde vivirían los diminutos y archiconocidos personajes azules de gorro blanco, si existiesen más allá de los dibujos animados. Porque la urbe solemne y de euforia contenida, la del Lago Leman, la sede de la Organización de Naciones Unidas o el Hotel de Ville, esconde un secreto a voces. Todo un regalo a la fantasía.

La capital de la diplomacia ofrece un reverso asaz delirante con la curiosa fisonomía del barrio de Les Grottes, situado tras la estación de tren de Cornavin, en el centro urbano. Aquí el genio español del modernismo, Antonio Gaudí, es un mito evidente y palpable. Así lo quisieron los arquitectos Robert Frei, Christian Hunziker y Georges Berthoud cuando construyeron este complejo residencial entre 1982 y 1984. Y el resultado salta a la vista.

Como apuntan desde la web oficial de Turismo de Suiza, en estas callecitas abundan “balcones en relieve, barandillas de hierro forjado y, sobre todo, ¡ni una línea recta!”. En efecto, detalles con un diseño extravagante, deliberadamente asimétrico, donde del aparente caos aflora un milagroso orden. Pero, entonces, ¿por qué esa fijación con los entrañables Pitufos? El apodo, aclaran, viene por la semejanza “con las graciosas casas en las que viven los protagonistas de los cómics”, un entorno de convivencia un tanto onírico, con edificios que evocan aquellas setas que cobijaban a las pequeñas figuras legendarias del dibujante Pierre Culliford, ‘Peyo’.

Photo by Thierry Llansades

 

Cuentan que una vez preguntaron a Gaudí por qué hacía las columnas torcidas y contestó: “Por la misma razón por la que el caminante cansado, al parar, se apuntala con el bastón inclinado, ya que si lo pusiera vertical no descansaría”. En este caso, en Les Grottes las viviendas sí que descansan. No lo hace el observador absorto, que se entrega a la imaginación y el colorido de las fachadas y los contornos ondulantes y ese inequívoco desenfreno visual que rinde tributo al creador catalán. “La recta es del hombre, la curva es de Dios”, afirmaba Gaudí. Y en Ginebra sí, en Ginebra este genuino barrio sería claramente celestial.

Un matiz: en Les Grottes, paradójicamente por su significado, no hay grutas o cuevas. La denominación se debe a un riachuelo que cruzaba antiguamente la zona y que pasó de llamarse Nant des Crottes a Nant des Grottes porque se generaban depósitos de agua en espacios bajos y de lo más inhóspito. ¿Y cómo empezó la historia de este espectáculo de tabiques oblicuos y paredes insólitas? Retrocedamos a 1850, cuando Les Grottes se une a Ginebra junto con otras áreas hoy bastante importantes y acoge una población obrera, industrial y artesana.

Desde entonces han sucedido muchas cosas, pero quizá de aquellos orígenes marcados por el esfuerzo cotidiano y la vitalidad de su vecindario proviene el carácter luchador y creativo que conserva este enclave vinculado durante décadas a ciudadanos bohemios y artistas.

Photo by Fuse1972

 

Sigue la canción infantil: “Pitufos por aquí, pitufos por allá…”. En la web de arquitectura, diseño y decoración RevistaDeck destacan que estas infraestructuras con permiso de Gaudí, tan pintorescas se dividen en trece bloques y sorprenden “por sus impactantes construcciones, que recuerdan al edificio espiral de Darmstad, en Alemania”. Un paseo por Les Grottes contrasta con la imagen seria, financiera y burocrática de la exquisita ciudad suiza.

Que nadie olvide que aquí se instaló durante mucho tiempo antes de su traslado a París la sede de Le Révolté, célebre periódico anarquista. Definitivamente, la heterodoxia siempre ha existido en el ‘barrio de los Pitufos’, según dicen, el más visitado a pie de toda Ginebra. Su gran ubicación, desde luego, suma muchos puntos en los planes de la agenda viajera. En el mapa de la urbe, siendo líricos, las callejuelas que parten desde la estación de Cornavin escribirían los versos libres frente a la tradicional prosa helvética.

Y que no falte un tentempié al atardecer. Aunque estemos en Suiza, desprendámonos por momentos del reloj. De noche abren locales alternativos, cafés y abrevaderos populares donde conversar, leer, escuchar música, buscar la inspiración o, sencillamente, arreglar el mundo. Un mundo que, valga el atrevimiento, sería más auténtico con muchos lugares zigzagueantes como Les Grottes. Sin tantas líneas rectas. “En un bello país/ que muy lejos está/ existe una ciudad/ pitufa de verdad…”. Sí, es en Ginebra.