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Sin la mano de los humanos, la naturaleza se adueñaría del entorno en un pispás. Se calcula que las casas de hormigón caerían en poco más de cien años, el acero no duraría mucho más y los puentes colgantes no pasarían de los tres siglos. La Pachamama deglute; lentamente, pero deglute. En el jardín de la Facultad de Derecho más antigua de Irlanda, The Honorable Society of King’s Inns, un platanero lleva décadas comiéndose un banco de hierro forjado situado a pocos pasos de la puerta sur del King’s Inn. De momento, los jardineros no solo no le han puesto peros a su hambre, sino que además han protegido su extraña filia por el banco: el Tree Council del país lo ha incluido en la lista de los árboles patrimoniales de Irlanda.

Photo by William Murphy CC

No está claro la edad del ilustre ejemplar de Platanus acerifolia. La mayoría de fuentes hablan de 80 años, pero el tamaño del tronco parece indicar que la planta puede ser más longeva. Lo que sí sabemos es que el edificio actual de The Honorable Society of King’s Inns se empezó a construir en el año 1800 (la institución es mucho más antigua, de 1541), que el banco de hierro fue manufacturado a principios del siglo XIX y que en la misma época esta especie de platanero se plantó masivamente en Dublín, y otras ciudades de Irlanda y Gran Bretaña. Al parecer, pocos árboles toleraban más y mejor que esta platanácea híbrida el hollín de la Revolución Industrial.

Photo by William Murphy CC

Lo que ocurrió entre este platanero en particular y el banco que alguien colocó a pocos metros (o quizás fuera al revés, primero el banco y luego el árbol) es la historia de una atracción salvaje en slow-motion, una relación insólita contada por capítulos que duran décadas. Una parte del tronco joven del árbol empezó a acariciar el respaldo del banco. El viento fue desgastando la corteza en ese punto y la planta varió su morfología para empezar a abrazar el hierro forjado e iniciar un mordisco que se antoja eterno, o casi. El árbol hambriento del King’s Inns es, quizás, la prueba patente del deglutir pausado de la naturaleza en el entorno urbano. Tolkien sería feliz… y Darwin.

Cover by William Murphy CC