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El fútbol levanta pasiones. Solo un aficionado sabe lo que es sentir los colores de su equipo, vivir la competición y emocionarse con las derrotas y victorias como si fueran propias. Y aunque la rivalidad forma parte del juego, todos los aficionados comparten una misma pasión: el propio fútbol. El nuevo Museo de la FIFA, en Zúrich, sirve como lugar de encuentro para todas aquellas personas unidas por el deporte rey, sin importar sus colores. La exposición reúne más de mil objetos exclusivos relacionados con la historia del fútbol, 4.000 libros y textos de la FIFA, 500 vídeos y el trofeo de la Copa del Mundo original hecho de oro macizo.

Zúrich ha sido la ciudad elegida por el máximo organismo internacional de fútbol para levantar este santuario. Aquí también se encuentra su sede desde 1932. Sin embargo, mientras esta se ubica a las afueras, el museo ha sido construido en pleno corazón de la ciudad, al lado de la estación de tren de Enge. Inaugurado en 2016, ofrece más de 3.000 metros cuadrados de exposición, repartidos en tres plantas, pensados para sumergirse de lleno en la historia del fútbol internacional a través de documentos y piezas de gran valor y juegos interactivos.

El museo cumple, así, su función de servir como punto de encuentro para todos los aficionados al fútbol y rendir homenaje a este deporte que mueve masas y es seguido por millones de personas en todo el mundo. Todos los equipos se encuentran representados a lo largo de toda la exposición y especialmente al cruzar la entrada del edificio, donde se encuentra el denominado Arcoíris que forman las 211 camisetas internacionales de los países miembros de la FIFA.

Se podría decir que el museo se divide en dos partes: una de exposición y otra más interactiva. En la primera se exhiben reproducciones facsímiles de reglamentos y actas antiguas, recreaciones de los primeros balones y botas, asientos del graderío de estadios emblemáticos como el de Wembley, la camiseta de Pelé… Sin embargo, la joya de la corona es sin duda el trofeo de la Copa Mundial de Fútbol, hecho de oro macizo sobre una base de malaquita. El equipo ganador del Mundial sostiene, cada cuatro años, esta copa y después se lleva a casa una réplica.

Pero si algo hará las delicias de grandes y pequeños será la parte más lúdica del museo, que se encuentra en la plata superior. Algunas de las actividades que tienen preparadas son locutar el gol de Iniesta que dio la victoria a España en 2010, hacerse selfis en alguno de los estadios más espectaculares del mundo como el de Maracaná o poner a prueba la pericia futbolística de uno en un circuito de varias pruebas entre las que se exige, entre otras cosas, sacar un córner o sortear obstáculos con el balón como si fuera un pinball a tamaño real. Los más competitivos podrán inscribirse y postular al título de Pichichi del museo.

Este museo se ha convertido, así, en el hogar de todos los futboleros independientemente de sus colores o lugar de procedencia. Los que no son tan aficionados también pueden descubrir y entender aquí la sensación que embarga a aquellos que no duermen pensando en su equipo. Solo hay que acercarse a Zúrich y dejarse llevar por la emoción del fútbol.