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Frente al famoso barrio del Trastévere, en la otra orilla del río Tíber, se erige unas de las siete colinas sobre las que se fundó Roma: el monte Aventino.

Hasta su cima asciende un sendero por el que parejas de romanos pasean cuando el sol comienza a despedirse en las calurosas tardes veraniegas. Primero realizan una parada en el mirador –con aroma a cítrico y pino– del Giardino degli Aranci (Jardín de las Naranjas), uno de los mejores y más íntimos de la ciudad.

Unos minutos más tarde, sus pasos desembocan en la tranquila Piazza dei Cavalieri di Malta (plaza de los Caballeros de Malta), donde, en su número 3, se alza el Palacio del Aventino, sede de la embajada del Priorato de Malta. Los caballeros se consideran custodios de la religión católica desde el siglo XI y, hoy en día, la orden de Malta es considerada como un sujeto de derecho internacional.

Aunque no pueden acceder al interior de la villa, son muchos los que hacen cola frente a su portón. La razón es una pequeña cerradura a través de la que se puede observar, enmarcada por los cipreses del jardín del palacio, la flamante cúpula de la Basílica de San Pedro. Malta, Ciudad del Vaticano e Italia en un solo vistazo por Il Buco della Serratura.