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En la isla de Gran Canaria se fabrica el vodka que podría provocarle a un ruso una crisis de identidad nacional. Imaginen que el mejor jamón serrano del mundo se produjera en Alaska: habría infartos patrióticos por toda la península. Algo así sucede con el vodka que los hermanos Banús destilan en la localidad de Ingenio: una bebida asociada al gigantesco país de los Urales y del General Invierno ha alcanzado su mayor pureza en un archipiélago de clima subtropical junto a las costas de África.

El vodka se llama Blat y su mayor logro está en lo que no tiene: «0,0 % de impurezas». Es el único del mundo. Quizás por eso tiene un hueco en las estanterías de los clubes de Manhattan y, dicen, en el mueble bar de famosos como Demi Moore o Russell Crowe. La fórmula de elaboración es secreta. Los responsables, los hermanos Esteban y Fernando Banús, tardaron casi una década en diseñarla y, ahora, siguen protocolos más parecidos a los de la KGB (Rusia, de nuevo) que a los de una destilería.

“No es un cuento de marketing, en absoluto: guardan la fórmula bajo llave en una caja fuerte para que pueda seguir de generación en generación”, explica Kilian Betancor, responsable de comunicación de Blat. La parte clave del proceso la desarrollan solo los hermanos: “Lo hacen personalmente, y lo hacen a solas, por la tarde o por la noche, cuando la fábrica está cerrada y no hay nadie. Es así y seguirá siendo así”, señala Betancor.

Esa fórmula o método de elaboración cumple un sueño que surca la cabeza de todo aquel que agarra una copa con la mano: “Si sales y consumes este vodka sin combinar con otras bebidas, certificamos que no deja resaca”, asegura. ¿Pero qué son esas impurezas? “Cuando se destila, se obtienen alcoholes buenos, aptos para el consumo humano, y alcoholes malos. Todas las bebidas tienen impurezas; a casi ningún alcohol se le pueden quitar todas”. Pero los hermanos Banús lo consiguieron. Esta circunstancia convierte al Blat en un brebaje óptimo para la coctelería. Según Betancor, no se come los sabores frutales de los preparados, sino que los realza.

Este vodka cristalino nace de una familia que lleva tres generaciones dedicándose a destilar alcohol. Primero para perfumerías, luego para diferentes marcas de licor durante el franquismo y ahora emprendiendo sus propias ideas.

El mayor mercado de esta bebida es el de Estados Unidos. En Rusia, muchas familias se lo gestionan ellas mismas y elaboran su propio caldo a partir de las sobras de la huerta. Por eso, el objetivo de los Banús fue aterrizar en el país norteamericano. Antes de eso, dedicaron grandes esfuerzos al diseño de la botella. “Estuvieron muchos años detrás del diseño. Al final lo hicieron los diseñadores de la marca Hugo Boss. La botella tiene un premio internacional. Querían que fuera muy pura y estuviera relacionada con los orígenes del vodka: la parte de abajo es similar al clásico vaso que se usa en Polonia y Rusia para beberlo, y el cristal es irrompible”.

Quizás la botella sea una de las claves del éxito y de la expansión en la noche neoyorkina porque, según Betancor, no han emprendido acciones concretas para que el vodka canario se haya colado en el imaginario y en las casas de familias millonarias: “Realmente no hemos hecho nada, solo el boca a boca ha funcionado”.

Polonia compite con Rusia para erigirse como tierra de nacimiento del vodka (palabra que significa agüita en polaco), y a pesar de ese orgullo nacional han sucumbido y han empezado comprar Blat. Parece que poco a poco, el calor de Canarias va camino de Siberia.