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Dicen que el apodo de la capital de Italia de ‘Ciudad Eterna’ tiene su origen en los años de la República y el Imperio romano. Dueños del mundo conocido, creían que daba igual lo que ocurriese. Mientras el resto de entidades políticas vivían en una montaña rusa, subiendo y bajando en las escalas de poder, Roma duraría para siempre y jamás caería. Aunque estaban equivocados y los bárbaros llamaron a su puerta acabando con su hegemonía, es innegable que Roma es una de las metrópolis más antiguas y con un patrimonio arquitectónico y arqueológico más impresionante, que incluye algunas zonas verdes.

La Villa Borghese es un gran ejemplo. Comprado por el Estado a la familia Borghese en 1901, este enorme parque es uno de los más grandes de Europa y, a diferencia de otros lugares como Hyde Park o el Retiro, combina la naturaleza con el arte. Además de albergar el zoo de Roma, tiene decenas de fuentes y monumentos de grandes artistas y el museo Borghese, con pinturas de Rafael, Tiziano o Caravaggio. Pero, al margen de estos grandes espacios, en Roma hay pequeños lugares secretos, jardines privados o públicos, que con un poco de esfuerzo pueden visitarse.

Uno de ellos es el Jardín Botánico en el Trastevere. Recomendado por su tranquilidad al lado de una de las zonas más turísticas de Roma, este jardín de 12 hectáreas y su palacio fueron el hogar de la reina Cristina de Suecia. Siglos después pasó a titularidad pública y depender de la universidad de Roma La Sapienza. Aunque en opinión de algunos visitantes está un poco descuidado, dentro destacan un bosque de bambú, decenas de helechos, un jardín japonés, sus plantas acuáticas…

San Liberato es otro jardín botánico, pero este más difícil de acceder. Sin estar abierto al público en general, es necesario organizar o acudir a un evento, como una boda o un banquete, o tratar de encontrar algún tour privado para muchos visitantes. En sus diarios, el célebre paisajista británico Russell Page lo describía como “el jardín más mágico del mundo, con una gran atmósfera de tranquilidad y el equilibrio correcto entre árboles, el lago, las colinas, el cielo y el césped”.

El espacio fue desarrollado durante medio siglo. Primero fue la pasión del conde Donato  Sanminiatelli, jardinero extraordinario y amante del arte que con su esposa, la princesa María Odescalchi, convirtió este espacio verde en uno de sus hijos. Luego llegó su auténtico retoño, Andrea, que llamó a Russell para que le echase una mano durante 15 años para darle los detalles finales. “Hemos creado caminos, un gran campo y camas de flores para enmarcar y destacar, para engrandecer la presencia y características del lago”, acaba Page su escrito.

Algo más fácil es entrar en los jardines de algunas iglesias. Como el de la basílica de la Santa Croce in Gerusalemme, situado entre los muros del templo. Siendo un huerto a la vez que un jardín, fue creado en un antiguo anfiteatro y rehecho en 2004 por el reputado arquitecto Paolo Pejrone. El espacio elíptico es dividido por dos caminos perpendiculares cubiertos por pérgolas. Estos se unen en la fuente central. Lechos de flores y plantas enmarcan los trayectos.

Valerio Mei Shutterstock, Inc.