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Si esto fuera una película sobre la ONU, tal vez diríamos algo así: “Tú a Nueva York y yo a Ginebra”. Junto con Viena y Nairobi, son las ciudades que albergan las sedes de la Organización de las Naciones Unidas, foros decisivos para afrontar el rumbo del planeta e ineludibles visitas si quieres respirar el ambiente y la solemnidad de los grandes encuentros diplomáticos. Ginebra, después de la Gran Manzana, cuenta con el edificio más amplio de la ONU. Se inauguró en 1946 y se ubica en el Palacio de las Naciones, construido por la Sociedad de las Naciones entre 1929 y 1938 y remozado en los años 50 y 60. Allí residen también diversas instituciones y agencias especializadas, como la Organización Mundial de la Salud o la Organización Internacional del Trabajo. En los alrededores de las oficinas se extiende el inmenso y apacible parque Ariana. Y, cómo no, cerca está el enorme Lago Lemán, otro símbolo en la elegante urbe suiza.

No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy. El viajero que recorre Ginebra tiene la oportunidad de entrar en la ONU, caminar por algunas dependencias como si fuera un sesudo mandatario y alzar la mirada para quedarse perplejo con la conocida popularmente como Capilla Sixtina de la ONU. Con permiso del Vaticano, Miguel Ángel y la historia del arte, nos referimos a la cúpula colosal decorada por el célebre artista español Miquel Barceló en la otrora Sala XX, ahora bautizada como Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones. Se trata de una genuina idea del mundo en la que el creador quiere “representar la grandeza de un mar y todo su movimiento”, apuntan desde la Fundación Onuart de Barcelona, promotores de esta iniciativa en su constante búsqueda del diálogo a través del arte.

“Este mar se transforma dependiendo de la luz, el espacio y el lugar donde se sitúe el espectador. La obra aúna serenidad y movimiento”, recalcan. Porque, en palabras del propio autor, la cúpula “genera diferentes percepciones que, debido a su dinámica interna, transmiten un efecto optimista, positivo, constructivo”. Quizá la quintaesencia de las reuniones multilaterales que se celebran en tan magna estancia. Como observó también quien fuera secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, la cúpula de Barceló ejemplifica metafóricamente la tarea que desempeñan los países: la capacidad de empatía, de ponerse en la piel del otro.

Sí. Asombra mirar arriba. Los colores de este océano de estalactitas de ensueño cambian según la posición del observador. ¿No debería ser esto la flexibilidad, el talante una de las claves en las decisiones políticas? Reflexiones aparte, desde la Fundación Onuart consideran esta obra maestra de Barceló como su primer gran hito cultural. Y, realmente, cuando uno entra en el insigne recinto queda abducido por el descomunal paisaje onírico de la cubierta, con predominio del verde plateado y el azul, salpicado con tonalidades rojas, naranjas y amarillas que consiguen un efecto de ola. Un exhaustivo trabajo que requirió 35 toneladas de pintura, un equipo de quince personas en torno al artista y un proceso de elaboración desde septiembre de 2007 hasta junio de 2008. Son 1.400 metros cuadrados de inaudita belleza.

Conviene recordar que la moderna Sala de los Derechos Humanos del Palacio de las Naciones fue inaugurada el 18 de noviembre de 2008 por los Reyes de España y el secretario general de la ONU, con presencia del presidente del Gobierno de España, el presidente de la Confederación Suiza y el primer ministro turco. También estuvo, cómo no, el autor, que describía la cúpula como una “superficie oceánica de la Tierra y sus oquedades más escondidas”, una “unión absoluta de contrarios”. “En este mar agitado”, afirmaba Miquel Barceló, “cabe suponer varios niveles: el fondo del agua y sus moradores polícromos, el plano del agua, la espuma blanca del agua revuelta en marejada y, al final, el reflejo, lo que refleja este mar, lo que está debajo, nosotros”. Y en ese plural, en ese ‘nosotros’, yace la humanidad entera. Y, de forma más prosaica, bajo ese techo están los 742 delegados cuando hay cartel de aforo completo… ¿A qué esperas, pues, para sumergirte en el mar de Barceló, inspirador y simbólico escaparate pictórico de la diversidad del mundo?

Sin duda, has de explorar las diferentes sedes de la ONU. Pero si tu destino es Ginebra, no olvides que allí se encuentra, con permiso, la nueva Capilla Sixtina.

Fotografía: Fundación Onuart / Agustí Torres