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Hablemos de medias. El estudio Aprovechemos la comida: Una guía para la reducción del despilfarro alimentario en el sector de la hostelería, la restauración y el catering, de la universidad Autónoma de Barcelona y la fundación Alicia, explica que un establecimiento que da 120 comidas al día genera unos 3.000 kilos al año de comida y basura orgánica. Una cantidad de residuos que una iniciativa de Nantes, Francia, llamada Tricyclerie usa para hacer compost a la vez que deporte.

Creada en enero 2016, Tricyclerie nace de la conjunción de los términos ‘triciclo’, ‘reciclar’ y ‘clasificación’. La idea es que, dos veces a la semana, un voluntario al que llaman tricycleur va con su triciclo por varios restaurantes de su zona. En cada uno de los establecimientos, mientras hace kilómetros y kilómetros de pedaleo, recoge la basura orgánica y la mete en la canasta que lleva detrás de su vehículo, que tiene que arrastrar detrás haciendo más ejercicio.

“La idea vino de diversas inspiraciones, siendo difícil explicarlo en poco tiempo. Es como una mezcla entre un compromiso personal y ecológico, una pasión por la bicicleta, el urbanismo, conectar la ciudad y el campo…”, explica por correo electrónico Coline Billom, ingeniera ambiental y cofundadora de Tricyclerie. También ha declarado en varias ocasiones que buscan evitar la incineración de las mondas de frutas y verduras y “denunciar un modelo donde todo termina siendo cremado, mientras que es muy fácil reciclar estos residuos orgánicos”. Todo, además, mientras el voluntario adquiere fuerza en las piernas.

En cada una de las acciones que toma esta empresa está la de evitar y reducir las emisiones de dióxido de carbono. Primero, al no cremar los residuos, se evita lanzar esa contaminación al aire. Segundo, como van en bicicleta, no emiten el CO2 a la atmósfera que pondrían en circulación si fueran en coche. Finalmente, al hacer compost, un tipo de abono natural que venden a granjas cercanas, logran que estas no usen los fertilizantes químicos.

Para financiar esta iniciativa, los fundadores recurrieron a la forma más millenial posible: el crowdfunding. En la plataforma francesa HelloAsso, pidieron 8.000 euros, logrando finalmente 9.470 euros. En su exposición, explicaron que durante los tres meses que hicieron de proyecto piloto con 10 restaurantes, lograron recoger unas tres toneladas de basura, con todo el ahorro en emisiones de carbono y el deporte que hicieron los tricycleur, de media entre cinco y siete kilómetros por día.

“Ahora hay 16 restaurantes y cinco oficinas con las que trabajamos, recogiendo unos 200 kilos por semana, y somos un equipo mixto, unas 15 personas, tres de ellas asalariadas”, cuenta Billom. Al final, lo que hacen ellos es contribuir al ciclo. Los restos de la comida, en lugar de acabar en un incinerador, acaban en el suelo, alimentando nueva producción alimentaria. Y todo mientras el voluntario, el tricycleur, hace deporte.