Las ‘piscinas de la Catedral’

Mallorca

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Aunque está a pocos kilómetros de la capital de la isla, no es tan fácil encontrar este apacible edén de piscinas naturales y crepúsculo de postal. La bahía de Palma esconde un fabuloso remanso de paz en la Urbanización Puig de Ros. Preguntando, dando vueltas, respirando la brisa mediterránea, se llega a todas partes. También aquí. Pero quizá lo más práctico para descubrir este rincón es buscar directamente el Mhares Sea Club, exclusivo y elegante ‘beach club’ a pie de costa, donde presumen de una de las mejores puestas de sol de Mallorca: “En pleno verano, el sol escondiéndose sobre la cumbre del Galatzó es de una belleza extraordinaria”, comenta su director comercial, Francisco Berga. “Vienen clientes de todo el mundo y nuestro acceso al mar es por la zona de las llamadas ‘piscinas de la Catedral’. Aquí darse un baño en las aguas cristalinas es uno de los grandes placeres”, apunta, resaltando la ubicación estratégica de Puig de Ros “en la antigua cantera marina de la piedra del marés con que se construyó la catedral de Mallorca”, todo bajo un acantilado espectacular y ante un horizonte azul literalmente deslumbrante.

Photo: Mhares Sea Club

“Por alguna razón que desconozco, esta playa no está saturada”, reflexiona el periodista balear Luis Ansorena, que en la actualidad prepara un documental sobre la isla. “Tal vez se debe a que los turistas tienen pocos días de estancia y prefieren ir a las playas que salen en las guías, Instagram o redes sociales. No arriesgan. Y Puig de Ros se libra de la masificación, quizá porque para llegar hay un camino algo complicado y tiene muchos salientes y escondites”, prosigue. “Está cerca de Palma, es preciosa, el agua está limpia, ves un atardecer mágico y no está lleno de domingueros. ¿Se puede pedir más?”, sugiere a los lectores de Ling. Resulta realmente difícil, y no es ninguna revelación, evitar la marabunta y el aforo completo de las playas mallorquinas.

En solo una década la isla ha pasado de recibir cerca de 6 millones de turistas anuales a 11 millones. “Muchos residentes tenemos nuestras calas secretas, en las que sabemos que nunca hay nadie, y ni a nuestros mejores amigos les decimos dónde están”, confiesa Ansorena. Esta vez, con permiso, revelamos uno de estos secretos de los palmesanos: el litoral de Puig de Ros. “Pero que el viajero no se conforme. Mallorca no es para ir con GPS. Mallorca es para perderse. ¡Piérdanse! Solo así encontrarán su paraíso, que no tiene por qué coincidir con la imagen superficial de la isla que tantas veces nos han intentado vender”, proclama.

En esta misma línea se pronuncia el cómico mallorquín Toni Nievas: “Todo lo que sea escapar del turismo masivo es un lujo. La isla aún conserva algunos sitios por descubrir. Y hay mucha isla por nadar”. “Me encantan las playas como Sóller, Sa Ràpita, Cala Blava o, en efecto, Puig de Ros. Allí me refugio de mi éxito”, bromea.

Amanece en Palma de Mallorca, coronada en 2015 como “la mejor ciudad para vivir”, según The Times. Y sí, a tan solo un cuarto de hora del bullicio de la capital, la urbanización de Puig de Ros aguarda otra jornada de playa y sosiego. Tras cruzar la carretera entre las casas alineadas de esta zona residencial, una vertiginosa cuesta anuncia el oasis de relax donde el Mediterráneo ha cincelado la superficie con maestría. Ni el mejor arquitecto habría podido crear estas ‘piscinas de la Catedral’ con tanto acierto. Ahora, que cada uno elija su propio espacio, su pileta, su panorámica. Y que el secreto quede entre nosotros. Más o menos. Quizá siga siendo igual de hermoso compartir todos juntos este atardecer de ensueño en plena bahía de Palma.