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Ahí están, recatados, modestos, sin llamar demasiado la atención, viendo pasar el tiempo. Digámoslo en euskera: lurra, haizea, sua y ura. Ahora en castellano: tierra, aire, fuego y agua. Sí, son los cuatro elementos. Con la representación de sus rostros esculpida en la parte inferior de un coqueto templete, cada uno de ellos desemboca en un grifo. Pero ¿dónde se encuentra esta fuente tan icónica, conocida como ‘la fuente de los cuatro elementos’?

Vayamos a la Plaza Unamuno de Bilbao, popular y agitado cruce de caminos, maremágnum de idas y venidas en pleno centro histórico de la ciudad. Por cierto, el insigne escritor que le da nombre, que cuenta con un monolito en su memoria, nació en una calle cercana. “A nuestro parecer, la plaza Unamuno es el sitio ideal para respirar la historia y vivir con intensidad el presente. Se trata de un punto de referencia para las citas de muchos bilbaínos”, nos indican desde el blog de viajes Piensa en un lugar.

Si nos desplazamos en metro, la parada directa sería Casco Viejo. Basta merodear un rato por la zona para saber por qué está considerada Conjunto Histórico-Artístico. Seguro que todos habéis pasado o pasaréis alguna vez por allí, pero, volviendo a los cuatro elementos, quizá muchos no os fijéis en la existencia de esta fuente relativamente discreta. Cosas del frenesí urbano.

Conviene recordar que, desde la remodelación de 1984 tutelada por el arquitecto municipal Ramón Lecea, estos cuatro grifos con las caras simbólicas han prestado a vecinos y visitantes un servicio impagable, anónimo y, desde luego, incondicional. Impasible ante el bullicio de las terrazas y museos de los alrededores, humilde ornamento frente a la poderosa arquitectura del Casco Viejo, la fuente rinde un silencioso tributo a la tierra, el aire, el fuego y el agua: los cuatro elementos en el corazón de Bilbao.