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Quizá haya pocos escenarios tan simbólicos como este. Todo un reflejo del ser humano. Sus hábitos de compra, su frenesí, sus gustos más o menos refinados. Todo cabe en el libérrimo Mercat dels Encants, que reúne casi 300 comercios de todo tipo y es uno de los más longevos de Europa. Con sus siete siglos y medio de existencia, fruto de una legendaria unión de dos mercados de ocasión medievales, ha ocupado diversos emplazamientos urbanos, pero sus 33.000 metros cuadrados se asientan desde 2013 en la avenida Meridiana, a la altura de las calles Caspe y Castillejos, en el emblemático barrio del Eixample.

Moda vintage, antigüedades de primera y segunda mano, productos dispares, artesanía variopinta y oportunidades que atraen cada semana a unas cien mil personas. Vecinos y turistas de todo el mundo que han oído hablar de este genuino bazar cuyo nombre proviene de la añeja y vivaz costumbre de anunciar la mercancía cantando, a voz en grito: encante, en catalán. Según la RAE, alude al “lugar en que se hacen ventas en pública subasta”. ¡Que nos lo quitan de las manos, señores!

Pero, sin duda, uno de los aspectos más llamativos de este bullicioso punto de encuentro para amantes del shopping, curiosos, coleccionistas y buscadores de tesoros se encuentra mirando hacia arriba. Sí, a unos 25 metros se eleva un techo hipnótico plagado de espejos donde los planos quebrados nos devuelven una imagen completa y dinámica del interior del Mercat dels Encants. La cubierta ofrece una silueta embriagadora, protege de las inclemencias del tiempo a los cientos de profesionales que trabajan allí y, por qué no, invita a imaginar naves ardiendo más allá de Orión… Porque, como se suele decir, modernidad y tradición se funden inexorablemente. ¿Quién da más?