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A una hora en coche del centro de Múnich, hay un pequeño pueblo que parece sacado de la cabeza de un niño que está aprendiendo a usar los colores y a comprender la magia de los cuentos; un niño que abre su bloc de dibujo y se permite soñar. Se llama Oberammergau, en él habitan poco más de 5.000 personas y sus casas tienen relatos y personajes dibujados en las fachadas con un estilo cromático vivísimo. Es como si en algún momento del siglo XVIII hubiera aterrizado en la localidad una tribu de artistas urbanos.

Un paseo por las calles de Oberammergau es como reducirse al tamaño de una hormiga y caminar por las páginas de un libro de cuentos infantiles y pasajes bíblicos. En Alemania llaman a estas casas Lüftlmalerei. El origen del término se asocia al autor de las escenas Franz Seraph Zwinck, que vivía en una casa llamada Zum Lüftl.

© Ammergauer Alpen GmbH, Oberammergau Tourismus. photo: Stephan de Paly.

Según cuenta Florian Leischer, responsable de comunicación de la localidad, la parte principal de estos frescos se centran en la «representación de los santos y las escenas bíblicas». La idea nacía del mismo temor que llevó a los habitantes del pueblo a escenificar en vivo cada diez años la pasión de Cristo: una epidemia de peste asoló la región en 1663. Con las pinturas «se expresaron las necesidades de protección personal y de piedad de la población católica», señala Leischer.

Sin embargo, la motivación religiosa sirvió para ir más allá en la representación pictórica. Uno de los mejores ejemplos es la Casa Pilatus. En ella se crea una ilusión óptica, una ruptura de la frontera entre la realidad y la ficción. En esta fachada la pintura salta del plano y engaña al ojo: las columnas, dinteles y escaleras parecen, desde lejos, accesibles y transitables.

© Ammergauer Alpen GmbH, Oberammergau Tourismus. photo: Thomas-Klinger.
Ammergauer Alpen GmbH, Oberammergau Tourismus. photo: Stephan de Paly.

Cada casa es un lienzo, y no solo las historias bíblicas cruzan los muros de Oberammergau, también se muestran «motivos clásicos de la pintura campesina sobre la vida rural y la caza», además de personajes de la literatura popular. En los días en que se acumula la nieve en las calles, estas criaturas parecen esconderse para tratar de escapar a un viaje y un final que siempre se repite. Hansel y Gretel se pierden en el bosque y siguen su leyenda escena a escena, son engañados por la bruja y acaban liberándose: todo ocurre en una misma fachada. En otra, Caperucita Roja busca eternamente a su abuela.

Las Lüftlmalerei se extienden también por otras zonas rurales del sur de Alemania y de Austria, especialmente en la Alta Baviera y en Tirol. «En el distrito de Garmisch-Partenkirchen se ha conservado una cantidad inusualmente grande de programas pictóricos del siglo XVII». Otros pueblos cercanos con fachadas de cuento son Unterammergau y Bad Kohlgrub.

© Ammergauer Alpen GmbH, Oberammergau Tourismus. photo: Thomas Klinger.

En Oberammergau los materiales respiran. El pueblo es conocido también por sus tallas artesanales, de animales y hombres de madera que vigilan a los turistas desde los escaparates. Es un pequeño mundo para vivirlo como ese niño que abre su bloc y que todavía no ha aprendido a diferenciar la realidad de la fantasía y cree que los colores son la mejor unidad de medida de las cosas.

Cover: ©Ammergauer Alpen GmbH, Oberammergau Tourismus