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No es casualidad que sea la capital de Francia donde acude el protagonista de El Perfume, del alemán Patrick Süskind, para aprender el oficio de crear fragancias embriagadoras con el fin de cumplir su obsesión, tener un olor propio. Fue en este país donde tuvo lugar un parte aguas en el desarrollo de esta industria, cuando en el siglo XIII el rey Felipe II, llamado Augusto, reguló esta actividad, fijando los lugares de venta y reconociendo la profesión y su utilidad social. Monarcas posteriores como Juan II, Enrique III y finalmente Luis XIV amplían y apoyan esta concesión, convirtiendo Francia en la cuna del perfume.

Es de París de donde vienen fragancias míticas como Chanel Nº5, Shalimar de Guerlain, Géranium d’Espagne o Amour-Amour. Sus creadores, las narices detrás de estos olores, como Ernest Beaux, Jacques Guerlain o Jean Patou, solían ser de familias acomodadas o directamente de una larga tradición de perfumistas que habían dedicado su vida al estudio de este arte. Por suerte, si hoy en día alguien quiere jugar a imitarles y crear un olor propio, París es el lugar donde ir y no hay que dedicarse a estudiar como un loco.

Uno de los talleres más accesibles son los de L’Abc du Parfum, impartidos por Marina Jung Allégret, su directora y consultora de marcas como Jacques Zolty, Givenchy, Christian Dior Perfumes, L’Oréal o Frédéric Malle. “Lo que proponemos es una introducción al mundo de la composición de perfumes guiando a nuestros participantes a través de un curso divertido y artístico”, asegura en un amable correo electrónico, “hemos construido en método muy intuitivo para niños y adultos”.

Foto: EQRoy – Shutterstock

Con un órgano de perfumería de más de 50 composiciones, como rosas, frutas o ambar, el curso enseña las bases de la composición de olores. Qué es una nota, qué es un acorde, a qué se debe que el perfume cambie según pasa el tiempo. “Guiados por el perfumista, los participantes componen su esencia de acuerdo a su inspiración, con el órgano frente a ellos, siguiendo o modificando la fórmula que yo les propongo”, continua Marina Jung Allégret. “Finalmente se van a casa con su esencia dentro de una bolsa de terciopelo”.

“Como nuestra aproximación es tan intuitiva, realmente no hay muchas dificultades; basamos todo en la percepción que se tiene al oler diversas materias primas”, explica. “Yo les voy haciendo preguntas como, por ejemplo, cómo se imaginan su esencia y así puedo ayudarles en la selección de los aceites y las materias primas que incluirán en su creación; también guiándoles en el tema de la proporciones hasta que evaluamos el resultado y decidimos si se debe modificar o no”.

Si se busca inspiración, el proyecto de artesano puede acudir al Museo del Perfume A dos pasos de la Ópera Garnier, fue abierto en 1983 por la saga de perfumistas de los Fragonnard en el palacete donde vivió Maria Callas. La muestra es un recorrido por los milenios de historia de los olores, desde el Egipto de los faraones hasta la globalización del siglo XXI.   

Más vale tener cuidado a la hora de crear esencias. Al final de la novela El Perfume, el protagonista, tras cometer terribles atrocidades, logra crear la fragancia perfecta, capaz de atraer hacia él hasta a los damnificados por sus acciones. Finalmente, cansado de todo y de no poder amar, acude al maloliento mercado de París donde nació. Allí se rocía el pequeño frasco entero sobre la cabeza y una turba, extasiada y confundiéndolo con un ángel, lo asesina para hacerse aunque sea con un pedacito de él. Mejor no pasarse de seducción.

Foto de portada:  Savvapanf Photo – Shutterstock