Renacimiento del ‘street art’

Florencia

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El contraste de los tiempos resulta llamativo, innovador, paradójico y visualmente poderoso en muchos rincones de Florencia. La ciudad italiana es un escaparate universal de numerosas obras maestras de la historia del arte, un museo eterno y sensorialmente arrollador, un refugio incontestable para caer rendido como Stendhal ante tanta belleza. Pero también, como sucede en las grandes urbes, proyecta y alimenta movimientos creativos muy interesantes, cuando no rompedores.

Y el viajero los contempla con asombro, indiferencia y, quizá en la mayoría de ocasiones, admiración. Porque ¿acaso no es ingenio desmedido lo que ha logrado Clet Abraham, el artista francés afincado en Florencia que trastoca las señales de tráfico con pegatinas y estampas inspiradoras?

Blub. Photo by e-struc

 

Este celebérrimo émulo de Banksy no busca deteriorar el entorno urbano, sino normalizar y dignificar el arte callejero o street art, cuya flamante seña de identidad es el grafiti, un elemento más de nuestras sociedades. Una presencia más o menos brillante en incontables muros y paredes del mundo. Una filosofía del espacio público, cómo no, con defensores y detractores. Una vibrante y dinámica cultura metropolitana, barrial, cosmopolita y, a veces, transgresora.

“El grafiti es algo que invade nuestras ciudades, algo que estamos obligados a consumir, puesto que aparece en los trenes y fachadas por las que pasamos habitualmente y son marcas, colores, ideas y mensajes que nosotros no hemos pedido”, reflexiona Francisco Reyes en un ensayo que titula Graffiti. ¿Arte o vandalismo?

Blub. Photo by e-struc

 

El profesor de la Universidad Complutense de Madrid y experto en la materia explica que “el concepto de ‘arte’ es muy subjetivo y el hecho de que un grafiti sea arte o no dependerá del receptor que lo esté mirando e incluso del contexto”. Situemos ahora la mirilla en Florencia, hervidero de tendencias que no dejan de sorprender ni siquiera al individuo más experimentado. Jesús Martínez, coautor de la página de viajes Vero4travel, reconoce que “la convivencia de estilos en la ciudad del Quattrocento es admirable”.

Y añade: “A pocos metros de distancia podemos encontrar muestras del Renacimiento junto a las últimas técnicas del arte urbano”. Saltas de una genialidad de Da Vinci o Boccacio a la postmodernidad del florentino Blub, otro símbolo de la vanguardia del street art, con sus originales dibujos en cualquier recoveco. Gracias a estas nuevas manifestaciones artísticas hay quien reconoce que la urbe toscana ha conseguido albergar tanto un clasicismo más elitista como el arte urbano, que es eminentemente popular.

Clet Abraham. Photo by e-struc
Clet Abraham. Photo by e-struc

 

Ana Fernández-Cuartero, arquitecta y coautora de e-struc, una aplicación profesional para técnicos de la edificación, adora Florencia y su cultura callejera: “Me parece muy positivo. Es un trabajo, el de Blub o Clet, ingenioso y respetuoso con la ciudad. Se trata de una reivindicación del arte como objeto accesible y cotidiano, que critica el arte que está encerrado en museos”.

Tras las visitas del Duomo, la Signoria, el Ponte Vecchio o Santa Croce, quizá sea buen momento para explorar uno de los templos del grafiti, el que emerge desde el túnel de la Piazza delle Cure, al noroeste de la capital del Renacimiento. Laura Torsellini, guía turística profesional de FlorentiArt, relata a Ling: “El arte callejero tiene una larga tradición en Florencia y, en general, en Italia, desde finales de la Edad Media”.

Photo by Vero4travel
Photo by Laura Torsellini

 

El chispeante y siempre polémico grafiti colorea el gris de los suburbios desde hace siglos. “Siempre es bueno ver cómo la creatividad humana puede dar forma a la realidad, transformando cualquier lugar en pequeñas galerías de arte, en causas de reflexión y denuncia social”, expone. “El paso subterráneo de la Piazza delle Cure, un barrio animado en las afueras, fue construido en los años 70 y ha sido durante décadas un lugar anónimo, poco atractivo, degradado e incluso peligroso cuando estaba oscuro.

Entonces llegaron los artistas de la calle y el conocido Totò Dinamita, un hombre sin hogar que cuida el pasadizo y lo mantiene limpio y seguro”, relata con pasión, subrayando que “ahora la gente siempre está dispuesta a pasar” porque este cruce subterráneo es “un gimnasio para el arte, un lugar que el consejo de distrito ha dejado disponible para el street art. Incluso aquí, las obras de arte son efímeras, de corta duración, reelaboradas, sobrescritas, siguiendo la tradición y el espíritu más auténtico del arte callejero”.

Photo by Vero4travel

 

De modo que, una vez más, el peso del arte urbano, en este caso se impone con fuerza y lo que era un espacio oscuro y desaconsejable se ha revalorizado y permite escapar del frenesí de la vida actual durante un rato. Bajo la calzada de la Piazza delle Cure los transeúntes caminan entre genuinos lienzos. Desde FlorentiArt, Laura Torsellini concluye: “En el centro histórico, donde los aerosoles no pueden ser utilizados en palacios y monumentos, los artistas callejeros toman diferentes espacios públicos y refrescan el carácter serio de la ciudad de los Uffizi y del David de Miguel Ángel, apoyando un espíritu crítico”.

Clet Abraham. Photo by e-struc

 

Las ciudades son imprevisibles. Y Florencia, perdón por la obviedad, es un regalo para los sentidos. Quién sabe, igual hoy algún genio renacentista saldría de su estudio, sonreiría al ver un guiño callejero de Clet, entraría en el túnel de Piazza delle Cure y empuñaría un espray. Ya decía el maestro Miguel Ángel que la figura del David estaba oculta en la piedra y, tal vez, valga la osadía, en las paredes se esconde también un renacimiento del arte urbano.