COMPARTIR
12

“Declaro la independencia de la imaginación y el derecho del hombre a su propia locura”, dijo en alguna ocasión el inimitable artista Salvador Dalí. “El fútbol sólo es bonito cuando no tienes ni idea de lo que va a pasar”, afirmó el gran jugador de fútbol  —y entrenador Zinedine Zidane. “No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo los que proporcionan la felicidad”, reflexionó la mítica actriz Marlene Dietrich. Y así podríamos citar a mucha gente relevante de todo el planeta. Celebridades que, tal vez y aparentemente, no tienen demasiadas cosas en común, salvo su genialidad en diferentes ámbitos. Eso y una coincidencia no tan casual: su visita al Studio Harcourt de París.

Luces, cámara y acción. Las imágenes creadas dentro de este universo artístico del número 6 de la calle Lota son un género en sí mismo. Un símbolo del glamur y la elegancia. Talento y clase en estado puro. Por allí han pasado  —y han posado ídolos internacionales de las últimas décadas, pero cualquiera puede acudir a ponerse delante de sus cámaras. “El Studio Harcourt es mundialmente famoso por ser el estudio de las estrellas, pero ¡está abierto a todos!”, aclara a Ling su secretario general, George Hayter. “Pueden venir todos aquellos que quieren tomarse un tiempo y hacerse un retrato en condiciones únicas. Ya sea una imagen individual o en familia, un retrato del Studio Harcourt es un tesoro transmitido de generación en generación. Es el recuerdo materializado de una experiencia excepcional vivida sola o en conjunto, rodeada de todos los cuidados delicados de nuestro equipo”, enfatiza con pasión. Porque la pasión por la fotografía ha acompañado al Studio Harcourt desde su origen en 1934.

Escritores, cineastas, deportistas, pintores, cantantes… El legado de esta firma, que todavía evoca la edad de oro de sus amplios y refinados salones, es legendario. Tras la idea estuvieron la fotógrafa Cosette Harcourt, los hermanos Lacroix y Robert Ricci, impulsores de esta forma de observar la vida en un sublime blanco y negro con sello propio que, incluso, se utiliza en algunos fotomatones de París. No en vano el filósofo Roland Barthes escribió en 1957 en su libro ‘Mitologías’ que “en Francia ningún actor puede considerarse como tal sin antes haber sido fotografiado por el Studio Harcourt”. Y con esa intención, la de acrecentar el mito, continúan su andadura, inmortalizando primeros planos de rostros iluminados por los proyectores cinematográficos. Con el claroscuro marca de la casa y una atmósfera envolvente. La magia de Hollywood también existe en Europa.

“Desde la creación del estudio de Cosette Harcourt, nuestros retratos siempre están firmados como ‘Harcourt Paris’. Para un modelo extranjero es una manera simbólica de manifestar su amistad con Francia. Muchos jefes de estado y de gobierno nos han pedido su retrato ‘Harcourt’. Por ejemplo, me gustaría un retrato del rey Felipe y de la reina Letizia, que ilustraría maravillosamente los lazos entre Francia y España”, apunta el secretario general del estudio, George Hayter. Porque, pese a su historia y sus más de cinco millones de negativos acumulados, seguro que les quedan muchos instantes por plasmar. Y en este escenario de ensueño no hay nada imposible. La escenografía, las luces, el mobiliario y todo lo que cautivó no sólo a las estrellas, sino a miles de personas anónimas en busca de su momento de gloria, han convertido el Studio Harcourt en un referente eterno dentro de la capital gala.

Para ahondar en detalles, además de viajar hasta allí, hay que mencionar que en 2014 se publicó Harcourt Paris. Le Mythe. 80 ans, un libro del productor de cine Dominique Besnehard y el periodista Guillaume Evin que recuerda la enorme huella artística del lugar. Y, aunque abruma ver su catálogo, fijémonos bien y dejémonos llevar por el embrujo de tantos nombres propios. Alain Delon, Jean Cocteau, Rita Hayworth, Edith Piaf, Brigitte Bardot, Ingrid Bergman, Mónica Bellucci, Laetitia Casta, Halle Berry, Cate Blanchett, Rafa Nadal, John Malkovich…

Quién sabe, igual somos los siguientes en la ilustre e interminable lista del ‘Harcourt’, el estudio de las estrellas. Porque aquí, con su radiante blanco y negro, todo el mundo brilla.