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Un buen vino invita a mecerlo suavemente, dejar que acaricie el cristal de la copa y que dibuje sobre él elegantes ondas. Esta perfecta simetría sirvió de inspiración para diseñar el maravilloso edificio que alberga la recién estrenada La Cité du Vin de Burdeos, un templo dedicado al zumo de uva y que embriaga de gusto a los amantes de este elixir ancestral.

A caballo entre un museo y un parque temático, La Cité du Vin es un espacio pensado para dejarse llevar por los aromas y la poesía del vino. Para indagar sobre su historia, revivir el pasado y saborear el presente. Y para mantener conversaciones con los mejores sommeliers del mundo (de forma virtual) mientras zarandemos suavemente una copa de vino.

Foto: La Cite du Vin

El insólito edificio, obra de los arquitectos Anouk Legendre y Nicolas Desmazières e inaugurado en junio de 2016, se asienta en la orilla del Garona. Su peculiar forma representa el movimiento del vino dentro de un vaso y el de las aguas inquietas del río vecino. Además, por fuera, su fachada de aluminio crea una brillante estructura que cambia de color al compás del sol. Una obra arquitectónica que tardó en construirse tres años y que en tan sólo cinco meses recibió más de 200.000 visitas.

Su alma curva se refleja, también, en el interior del edificio que se pliega sobre sí mismo dando lugar a 14.000 metros cuadrados de superficie; de los cuales 3.000 pertenecen a una exposición permanente en la que el visitante se embarca en un viaje por el mundo enológico a través de la historia y de las regiones vinícolas, además de repasar el proceso de elaboración de los caldos. Todo ello apoyado en la tecnología que permite ampliar y mejorar la experiencia del visitante: vídeos interactivos, en 3D… Con este propósito, durante toda la visita, el usuario también tiene a su disposición tablets que le permiten consultar información adicional, algo que nada tiene que ver con la típicas audioguías de los museos.

Foto: La Cité du Vin

La Cité du Vin cuenta además con exposiciones temporales, tienda, sala de lecturas… Y el gran reserva del museo, el paraíso para los amantes de la uva: “Le Belvédère”, un mirador panorámico en la última planta (a 35 metros de altura) donde catar vinos de todo el mundo y disfrutar de unas maravillosas vistas de 360 grados al Garona y los viñedos de Burdeos. El techo, además, está decorado con una gigantesca lámpara compuesta por miles de botellas de vidrio y la barra, de más de 10 metros, es perfecta para apoyarse a charlar y disfrutar de todas las notas de un buen caldo.

La ciudad de Burdeos es también conocida como la capital del vino, por su larga tradición en el cultivo y la producción de este delicioso líquido. Ahora, más que nunca, se apodera de este título gracias a La Cité du Vin, que pretende ser el único centro cultural del mundo dedicado al vino. De momento, no le ha salido competencia.

 

Imagen de portada: La Cité du Vin