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Por dos años seguidos, Fráncfort, la ciudad más grande del Estado de Hesse, ha sido la urbe más sostenible de toda Alemania. En el índice global elaborado por la consultora Arcadis, que mide la sostenibilidad basándose en tres aspectos —Personas, Planeta y Ganancias—, quedó primera en 2015 y sexta en 2016. Siendo la urbe más internacional del país, sede del Banco Central Europeo y núcleo financiero, su proceso y empeño en lograr ser un ejemplo para el resto de Europa por su gestión del espacio urbano —además de por su economía— puede ser una hoja de ruta para otros lugares.

Situada sobre el río Main, la ciudad lleva comprometida desde los años 80 con reducir sus emisiones de CO2 y lograr que su población se conciencie sobre esta problemática. En 1987, de acuerdo con los datos de la propia ciudad, Fráncfort producía 11,4 toneladas de CO2 por habitante al año, mientras que en 2009 las habían reducirlo hasta las 6,5 toneladas. Su objetivo para 2050 es lograr tener cero emisiones. Algo que puede parecer complicado en una ciudad con más de 700.000 habitantes, que cada mañana recibe miles y miles de personas que acuden a trabajar.

Una de las claves es la eficiencia energética. Para la Unión Europea, “Fráncfort ha demostrado un compromiso en ese campo por sus proyectos a largo plazo, como el desarrollo continuo de plantas de cogeneración (que producen a la vez electricidad y energía térmica útil), la implementación de la Energy Act que combina iniciativas público-privadas o prohibiciones para que el sector de la construcción use madera tropical o PVC”. Según dijo Florian Unger, jefe de Eficiencia Energética de la ciudad, los edificios de consumo casi nulo son una herramienta tanto para combatir la pobreza energética como el cambio climático. También la pobreza más material. Un ejemplo es el programa Stromsparcheck, que durante un año entrenó a parados de larga duración para que fueran capaces de gestionar este tipo de construcciones.

“Durante décadas, nuestra ciudad ha estado trabajando para proteger el clima, como cuando en 1990 cofundamos la  Climate Alliance of European Cities with Indigenous Rainforest Peoples o como cuando fuimos de las primeras municipalidades en tener un oficina de energía y protección ambiental”, explicó Andrea Graf, gestora del Masterplan 100% Climate Protection, firmado en 2013.

“Nos vemos a nosotros mismos como una ciudad eficiente energéticamente, con los edificios de oficinas más verdes, y nuestra política energética es combinar la cogeneración con grandes plantas eléctricas. Además tenemos fuentes renovables como plantas fotovoltaicas, eólicas o de combustibles derivados de residuos”, seguía durante la entrevista en Goo 100% Renewable Energy. “Hay que decir que no actuamos solos ya que hemos realizado nuestro concepto en colaboración con nuestra región y el Estado de Hesse”.

Pero Fráncfort no es sólo verde en el aspecto energético. Si se hace un descripción física de la ciudad, también el color de la esperanza es el predominante. Hace 20 años se creó el cinturón verde, un anillo de naturaleza que rodea la urbe con unos 80 kilómetros cuadrados en total. Luego, ya contando toda la ciudad, hay más de 200.000 árboles y el 52% de la superficie son espacios abiertos, con más de 40 parques repartidos entre sus calles.

Conscientes también de la idea económica de los incentivos según la cual hay que ofrecer algo para inducir a alguien a actuar de una manera determinada, es la primera ciudad en Alemania que da dinero en metálico por ahorrar electricidad. Aquellos hogares que logren reducir su consumo energético en un 10% frente al año anterior, reciben 20 euros de bono, más 10 céntimos por cada kilovatio/hora ahorrado. De media, los ciudadanos que se han involucrado han logrado unos 65 euros. Por algo, además de un ejemplo verde en Alemania, es el núcleo financiero de toda Europa.