COMPARTIR
13

Cuando cae la noche sobre la isla, un manto oscuro perlado de estrellas se cierne sobre ella. Es el momento de volver la vista hacia arriba y dejar que el espectáculo nos robe el sueño hasta el amanecer. Aquí los aficionados a la observación del universo están de suerte, Gran Canaria cuenta con uno de los cielos más limpios y claros de Europa.

Están ahí y nunca falla a su cita, pero normalmente no las vemos. La contaminación lumínica o las nubes suelen impedir el disfrute de las estrellas que hacen su aparición cada noche. Sin embargo, en Gran Canaria esto no es un problema gracias a una serie de factores: en primer lugar, los vientos alisios y la inversión térmica que generan impiden la formación de nubes; y, por otro lado, el cielo está protegido por la Ley sobre la Protección de la Calidad Astronómica de los Observatorios, se controla la contaminación lumínica, radioeléctrica y atmosférica y se regulan las rutas áreas para que nada entorpezca la observación de los astros.

Además de todo lo anterior, en Gran Canaria se da otro fenómeno que los lugareños han bautizado como “panza de burro” y que hace que los mejores puntos de observación se encuentren en las cotas más altas de la isla. Este tiene lugar cuando las nubes se reúnen a una altura no superior a los 500 metros sobre el nivel del mar y bloquean la luz de la ciudad, reduciendo aún más la contaminación lumínica y facilitando la observación de estos astros.

Existen dos lugares en la isla que parecen pensados para la observación de estrellas.

El primero es Llanos de Garañón, que forma una plataforma natural a 1.700 metros de altura al suroeste de la capital. Desde allí, mirando al suroeste, especialmente en las primeras noches de primavera, es posible ver grandes concentraciones de estrellas brillantes. Se divisan perfectamente Géminis, Auriga, Tauro y Orión. El segundo es el propio observatorio astronómico Roque Saucillo, a 21 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria, con un telescopio de última generación que nos acerca aún más al cielo.

En este lugar, mirando hacia el oeste y a primera hora de la noche destaca un enorme cuadrado en el cielo: es el cuerpo central de la constelación de Pegaso. También podremos ver la Vía Láctea, constelaciones como Casiopea con su típica forma de letra eme y otras como Piscis.

Aficionado o inexperto, ese fenómeno bien merece una noche en vela. Además, para disfrutar de la observación de estrellas no es necesario disponer de un telescopio; con unos buenos prismáticos y un planisferio (aunque hoy en día también existen aplicaciones móviles muy sencillas de utilizar), es más que suficiente. Por todo esto, cada vez son más personas las que deciden incluir en su plan de viaje una noche al raso para disfrutar de este fenómeno. Se puede hacer por libre o apuntándose a actividades guiadas que organizan alguno de los observatorios.

Lo cierto es que las condiciones que ofrece la isla con cielos despejados y escasa contaminación lumínica la convierten en un lugar ideal para contemplar el cielo nocturno. Un destino de turismo astronómico, en el que la visita al observatorio es casi obligada, así como detenerse a contemplar las estrellas en algún lugar de Gran Canaria.

Fotos: El Coleccionista de Instantes con licencia CC.