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Hace 25.000 largos años, la fría roca de las cavernas se convirtió en el lienzo de los hombres primitivos. Empleando colores de origen vegetal y utilizando los dedos como pincel, dibujaron escenas cotidianas de caza o representaciones de carácter religioso. Y muchas de estas, por suerte, han llegado intactas a nuestros días. Así, a lo largo y ancho del mundo, se han encontrado diferentes manifestaciones de este tipo; sin embargo, uno de los mejores ejemplos de arte rupestre paleolítico se encuentra en Asturias, en la famosa cueva de Tito Bustillo de Ribadesella.

Doce conjuntos distribuidos por toda la cavidad, de unos 700 metros de longitud con galerías anexas, componen el tesoro escondido de Tito Bustillo. Pinturas, grabados de signos, animales, representaciones antropomorfas… que crean un pequeño museo subterráneo que permite hacerse una ligera idea de cómo era la vida de aquellos hombres y mujeres durante el paleolítico.

Esta joya de la prehistoria fue descubierta en 1968 por los miembros del club montaña Torreblanca, de Oviedo, junto con dos jóvenes de la zona. Encontraron las pinturas por casualidad al descender por una pequeña sima conocida como Pozu’l Ramu en el macizo de Ardines. Hoy en día, se sabe que en el interior de este complejo montañoso de piedra caliza se despliega una amplia red de cuevas formada por el cauce subterráneo del río San Miguel. Una de ellas es, precisamente, Tito Bustillo, que recibe este nombre en honor a uno de sus descubridores que murió días después del hallazgo en un accidente de montaña.

El descubrimiento de las cuevas de Tito Bustillo tuvo una gran repercusión dada la calidad y cantidad de obras descubiertas; son, según los expertos, equiparables a los yacimientos europeos más importantes del paleolítico de los que se tiene constancia a día de hoy. Prueba de ello es que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008.

Su repertorio se organiza en doce conjuntos que reúnen más de cien representaciones grabadas y pintadas sobre las paredes de la cueva. Estas van variando según las épocas y se superponen entre sí, según el capricho de aquellos que habitaron la cueva hace más de 20.000 años.

Los investigadores estiman que la mayor parte de los dibujos encontrados se corresponden con dos fases: una premagdaleniense, en la que abundan los signos rojos y escasas figuras animales; y otra magdaleniense, con zoomorfos varios y distintas técnicas. En cualquier caso, aunque es difícil estimar una fecha, todas ellas se corresponden al período paleolítico entre el 22.000 y el 10.000 a. de C.

Entre las diferentes pinturas descubiertas, destaca la sala del Panel Principal por el número de representaciones, así como por su variedad técnica y estilística. En ella se han encontrado: treinta cérvidos, trece caballos, nueve renos, cinco cabras, cuatro bisontes, un uro, dos animales indeterminados, diecisiete signos y diez líneas de difícil interpretación. Estos motivos pertenecen a diferentes épocas y componen un conjunto prácticamente único. De todas las muestras de arte rupestre que se han encontrado en Tito Bustillo, esta es una de las pocas que son accesibles y visibles para el visitante.

También destaca la Galería de los Caballos, con varias figuras grabadas en roca con una gran realismo, o el Camarín de las Vulvas donde se pueden contemplar dibujos de contenido sexual muy poco frecuentes en el paleolítico conocido.

Ante la necesidad de preservar y conservar el patrimonio de la cueva y dado el difícil acceso a la mayoría de conjuntos artísticos, se creó el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo. En él, el visitante puede conocer cuándo se produjo el descubrimiento de la cueva, su valor geológico, quiénes la habitaron y cómo son las muestras de arte rupestre que se encuentran en su interior.

Tras visitar la exposición, no cabe duda de que Ribadesella fue una de las cunas mundiales de la civilización paleolítica y un asentamiento muy importante en Europa. Cientos de generaciones de hombres y mujeres primitivos, nuestros antepasados, vivieron y evolucionaron en este rincón de Asturias.

La cueva de Tito Bustillo ha sido protagonista de la vida local en la prehistoria y actualmente se ha convertido en un imán para investigadores y curiosos que desean contemplar pinceladas de nuestro pasado más lejano.

Además de ser mundialmente famosa por el arte rupestre, Ribadesella es una bonita villa marinera fuertemente vinculada al mar y a la pesca. Su pasado ha quedado grabado, igual que hicieron los primitivos, en los paneles del paseo de la Grúa que dibujó el famoso humorista gráfico Antonio Mingote. Estos recrean escenas de la vida cotidiana del pueblo en las diferentes épocas: el comercio portuario durante el Imperio Romano, la caza de ballenas en la Edad Media o la industria de salazones en el Renacimiento. Esta ruta histórica que se extiende por el puerto es ideal para entender las tradiciones y la cultura del lugar.

Estando en Ribadesella, también merece la pena acercarse a los acantilados donde se pueden observar huellas de dinosaurios. Estas tienen unos 150 millones de años y están consideradas uno de los restos más importantes del Jurásico español.

No cabe duda de que esta bonita villa, bañada por las aguas dulces del río Sella y el mar Cantábrico, custodiada al fondo por los Picos de Europa, tiene un atractivo especial y mucho que ver. Es un rincón único que rebosa naturaleza, tradición, cultura, pero sobre todo mucha historia.  

Información y compra de entradas: www.centrotitobustillo.com