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Cuesta definir el concepto tan en boga de participación ciudadana. Unos lo ven como la posibilidad de tener voz en decisiones públicas que les afectan a diario. Como decidir de qué manera adecentar un descampado del barrio o por dónde ampliar el carril bici. Dos ejemplos en que los residentes de un término municipal pueden expresar sus prioridades.

En este apartado, los suecos han sabido leer la partitura que marca cada etapa y se han erigido como vanguardia en prestaciones sociales o en el imparable cambio de paradigma en la forma de moverse, impulsando la bicicleta y el transporte público. Tampoco han querido dejar atrás a la revolución tecnológica: uno de sus edificios más emblemáticos tiene asociada una  aplicación virtual que permite modificar sus colores.

Se llama Colour by numbers y da la oportunidad a quien desee de elegir la luz que brille en la torre Telefonplan, de 72 metros de altura y 20 plantas. ¿Cómo? Bien descargándose su app o bien llamando a un número gratuito (solo para llamadas locales) hasta un máximo de cinco minutos. La iluminación de la torre es visible en un radio de 10 kilómetros.

El usuario puede configurar la franja del arcoiris con la que ilumina los últimos diez pisos. Cada tecla del móvil responde a un color. Los números 2, 5 y 8 proveen de los primarios rojo, verde y azul, respectivamente. Con el 3, el 6 y el 9 se aumenta su intensidad y con el 1, 4 y 7 se atenúa, dando como resultado desde el amarillo hasta el morado. Para finalizar la elección se ha de pulsar almohadilla. Y para intentarlo de nuevo, el asterisco.

Photo: Anna Hållams

“Fue inaugurado el 23 de octubre de 2006, continuó hasta mayo de 2007”, explican en la página oficial, “y se hizo permanente el 14 de enero de 2011”. La idea de la instalación proviene del diseñador Loove Broms, el arquitecto Milo Galdi Lavén y el artista Erik Krikortz, propulsor de la iniciativa Emotional Cities (Ciudades emocionales), descrita como “un proyecto que propone la discusión colectiva sobre la felicidad y sobre cómo debemos vivir nuestras vidas”.

“La meta era contribuir a un debate sobre cómo usamos el espacio público, que hoy está cada vez más en manos de intereses comerciales. Cualquiera puede cambiar las luces de la torre usando su teléfono y una cámara lo muestra en tiempo real”, explica, señalando que se puede ver incluso desde 10 kilómetros.

Muchos medios de comunicación nacionales e internacionales se hicieron eco del concepto, que entre octubre de 2008 y enero de 2009 pasó por la Torre de los Perdigones, en Sevilla. “Erik vio que el edificio estaba olvidado y decidió darle un uso artístico”, comenta Milo Lavén por correo electrónico, cifrando en 15.000 los usuarios anuales, algunos “regulares”.

Es una forma única de sentir el arte. Es fascinante cómo cada uno puede interactuar y la mejor manera es conocerlo como protagonista”, acuña. En la web AtlasObscura reseñan que, “en cierto modo”, la instalación consigue este empeño, pero “también es simplemente una pedazo de piratería urbana que puede hacer que tanto ciudadanos como visitantes conecten con un entorno urbano a menudo alienante”.

Photo: Anna Hållams

El lugar elegido no es al azar. Telefonplan, en el distrito de Midsommarkransen, fue originalmente una estructura metálica que unía 5.500 líneas de telefonía en la capital sueca. Se construyó en 1887 gracias a la compañía Stockholms Allmänna Telefon AB. Medía 80 metros y el encargo del montaje recayó en Fritz Eckert, un arquitecto local que formó parte de la Real Academia de las Artes de Estocolmo y que la completó con cuatro torretas.

El papel de este inmueble pronto se quedó obsoleto: las crecientes redes de telecomunicación se expandieron bajo tierra y uno de los puntos más altos de la urbe —poblada actualmente por 790.000 personas— sufrió un abandono progresivo. En 1913, el cableado subterráneo de la capital sueca la dejó sin su cometido original, aunque siguió anunciándose con el emblema inicial hasta 1939. En 1952, un fuego la redujo a las raspas, que tuvieron que demolerse en 1953 por peligro de derrumbe. Poco después albergó la sede de Ericsson.

La compañía de teléfonos ocupó el inmueble con oficinas y almacén de piezas hasta hace unos años, pero poco a poco fue dejando niveles libres que adoptaron filiales de la Universidad de Artes o de la Seguridad Social. Ahora mismo, la propiedad está a nombre de Vasakronan, una empresa que gestiona locales comerciales.

También fue clave su colaboración para que Colour by numbers se hiciera realidad. No sabemos si con el objetivo de que el pueblo fuera parte de ella o como reclamo publicitario. En cualquier caso, la iluminación de Telefonplan está en nuestras manos, seamos considerados parte activa o no de las decisiones consistoriales.