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“¿Por qué el Allianz Arena es el mejor estadio de fútbol del mundo?”, preguntan con vehemencia desde la web oficial, allianz-arena.com. Como sucede en Madrid o Barcelona, donde el Santiago Bernabéu o el Camp Nou son dos templos deportivos de peregrinación internacional, en Múnich nadie puede olvidar el escenario de tantas gestas incluso sentimentales de uno de los mejores equipos el Bayern del planeta Tierra. Porque, citando a Galeano en su obra maestra El fútbol a sol y sombra, al margen de los colores, ¿por qué no ser “mendigo de buen fútbol?”. “Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece”, escribe.

Y los milagros pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier cancha, de acuerdo, pero en colosos como el Allianz Arena son más habituales. Aquí el juego se convierte en un arte. Y se respira el aura de la historia. “Disfrute de la atmósfera del Allianz Arena desde el punto de vista de un futbolista profesional en las zonas de los jugadores y descubra los emocionantes detalles de esta estructura única”, apuntan en la web. El tour futbolero por la trastienda de esta joya arquitectónica y tecnológica dura una hora aproximadamente. Hay varias opciones individual o en grupo, combinado con el museo del FC Bayern y precios variados. De la mano de un guía, se recorren el exterior del estadio y varios espacios interiores, como las gradas, los vestuarios, la zona mixta, el área de la prensa o el túnel de los jugadores, donde estrellas como Ribery, Robben o Lewandowski se concentran para crear magia con un balón en los pies.

¿Y cómo llegar al Allianz Arena? ¿Dónde se encuentra el conocido también como ‘bote inflable’ o ‘barca neumática’, por aquello de su asombrosa silueta redondeada? Vayamos en metro, coche o bici a Werner-Heisenberg-Allee 25, al norte de la ciudad. Allí, en el barrio de Fröttmaning es donde,  tras aquella primera piedra colocada en octubre de 2002 por el mítico futbolista germano y presidente del Bayern, Franz Beckenbauer, luce de forma imperial desde 2005 una construcción que impresiona al más apático. Sobre todo, sorprende al caer la noche, cuando su iluminación en tonos vívidos rojos, azules, blancos tiñe toda la fachada del Allianz Arena, compuesta por unos tres mil paneles romboidales de plástico y heterogéneos.

Quién sabe, seguro que algunos también recuerdan el majestuoso campo de fútbol, con capacidad para casi 80.000 espectadores, porque se utilizó en la Copa Mundial de Fútbol de 2006 de Alemania, entonces con la denominación temporal para no hacer publicidad de Estadio de la Copa Mundial de la FIFA de Múnich. El otrora Estadio Olímpico pasó a mejor vida y, definitivamente, Múnich recibió con honores este nuevo emblema deportivo, cuyas instalaciones también empleaba hasta hace poco al equipo TSV 1860 Múnich. Sin duda, existen cientos de curiosidades sobre el Allianz Arena, la casa del Bayern diseñada por los suizos Herzog & De Meuron que a menudo regala momentos de gloria y desvelos: el fútbol es así a los aficionados, además de convertirse en destino de miles de turistas. Porque si uno va a Múnich, aparte de pasear por Englischer Garten, Marienplatz o tantos otros rincones bávaros, quizá no debería olvidar que las visitas guiadas por el Allianz Arena descubren otra cara de la urbe, de sus gentes, de sus pasiones. “Envidio a quienes tienen el privilegio de jugar en este estadio”, confesó Beckenbauer en la inauguración.

Valga el atrevimiento, rompamos una lanza por el Museo del Prado en Madrid, pero también por el Bernabéu. Por la Sagrada Familia en Barcelona, pero también por el Camp Nou. Y por Maracaná y por Wembley y por La Bombonera y por Wanda Metropolitano y por San Siro y por el Parque de los Príncipes y por Old Trafford… Y así hasta el infinito. Porque, como ha afirmado el escritor argentino Eduardo Sacheri en alguna ocasión, “hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol”.

La vida, el fútbol. Nunca es tarde. Viajar nos brinda esta oportunidad, la de aprender y disfrutar con todo. Y, ya que nos espera Múnich, ¿qué tal descubrir el embrujo del camaleónico Allianz Arena? ¿Y en qué puesto lo incluirías en la lista de los mejores estadios del mundo?