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Por el ventanal del estudio, en el norte de Londres, entran los rayos de sol que consiguen atravesar la densa capa de nubes que cubre el cielo de la ciudad. La claridad ilumina una amplia estancia abuhardillada llena de cachivaches: mesas sobre las que descansan pinceles y acuarelas, decenas de esferas blancas de yeso repartidas en estanterías y por el techo cuelga un entramado de cuerdas de las que penden pedazos de mapas sujetos con pinzas de la ropa. En este curioso escenario trabaja uno de los pocos equipos de artesanos de globos terráqueos que quedan en el mundo. Ellos son Bellerby & Co y han conseguido crear, a pequeña escala, mundos perfectos.

Precisamente la búsqueda de la perfección fue lo que llevó a Peter Bellerby, el fundador, a crear su taller. Durante años buscó un globo terráqueo para regalar a su padre, pero no encontraba ninguno que le gustase: los más actuales eran demasiado simples y los antiguos, además de costar una fortuna, normalmente se caían a pedazos y los mapas estaban desactualizados. Así fue como decidió crear uno con sus propias manos, tal y como él lo había imaginado.

Photo: Bellerby Globemakers

 

Buscó un mapa y lo mejoró, aprendió a utilizar nuevos programas informáticos de diseño, estudió mil formas de crear una esfera perfecta… y en todo eso, se le fueron dos años y casi todos sus ahorros. Sin siquiera haber creado un solo globo. Fue entonces cuando decidió montar una empresa, sabiendo que nadie haría los globos terráqueos como él y que encontraría su hueco en el mercado. Era el año 2008.

Hoy ha conseguido superar el nivel de calidad y perfección que buscaba por aquel entonces. Todas las piezas, hechas por encargo, se hacen íntegramente en el taller de Londres con la ayuda de un equipo de artistas que ha ido aprendiendo el arte de hacer globos terráqueos de la mano de Peter Bellerby. Todo el equipo trabaja con un nivel de atención al detalle y exactitud increíbles; es imposible encontrar un corte o una línea que no encaje con otra. Además, todos los mapas son pintados a mano haciendo de cada globo terráqueo una pieza única y diferente.

Photo: Andy Lockley

 

Photo: Lois Bryson Edmett

 

El proceso, como ocurre con cualquier producto artesano, es lento y complejo. La parte más difícil, sobre todo al principio, fue crear una esfera que fuera verdaderamente redonda (aunque la Tierra no lo sea). El motivo es que un desajuste entre el tamaño del molde y los mapas que después se colocan sobre la esfera podría provocar que las piezas no encajen correctamente y queden huecos en blanco. Así que tras mucho buscar, Bellerby consiguió que unos ingenieros de Fórmula 1 le hicieran los moldes perfectos. Con estos hacen una bola de yeso que luego ajustan y equilibran para que gire de manera natural.

Photo: Gareth Pon

El siguiente paso es, quizás, el más lento y meticuloso. Se imprime un mapa diseñado especialmente para ser colocado sobre una esfera; este está, por tanto, partido en piezas triangulares que, según el tamaño del globo, pueden llegar a ser hasta 24. Una a una, con extremo cuidado y exactitud, se colocan comprobando que cada país y cada paralelo encajan a la perfección. Después un artista llena de color el conjunto utilizando acuarelas y combinando colores para crear una pieza única de belleza exquisita. Los últimos pasos consisten en aplicar barniz y colocar el globo sobre un soporte que también ha sido diseñado y fabricado bajo el techo de Bellerby & Co.

Photo: Julian Love

 

En cada uno de estos pasos se imprime el afán de Peter Bellerby por alcanzar la perfección, una máxima que ha sabido transmitir a su equipo que dedica tiempo y cariño a cada pieza que pasa por sus manos. Este trabajo solo podía ser hecho por artesanos, por los pocos que quedan que hagan globos terráqueos que son una copia perfecta de la Tierra en la que vivimos.

Photo: Tom Bunning