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Es una sensación cercana a volar, como si fueras un pájaro. Te dejas mecer en el aire, entre el cielo y la tierra, disfrutando de unas vistas únicas. Un cosquilleo recorre tu cuerpo desde los pies hasta la coronilla, producto de la mezcla entre adrenalina y emoción. Gritas de felicidad y elevas los brazos rindiéndote a esa sensación.

No es lo más cerca que estarás del cielo pero sí de sentir una libertad parecida a la de volar, jugando con la gravedad y olvidando el vértigo. Estás a 100 metros de altura en en un columpio que se balancea sobre la ciudad de Ámsterdam. Es el más alto de Europa, lo llaman Over the edge (‘al filo’, en castellano) y se alza sobre el edificio A’DAM Toren.

En la azotea de este rascacielos se encuentran dos columpios con espacio para dos personas en cada uno de ellos. De la estructura penden los asientos que, además de tener un respaldo, incorporan un arnés de seguridad. El movimiento no lo genera tu propio impulso, sino un sistema hidráulico que se encarga de mecerte, con cierta suavidad, hacia el abismo.

Photo: Huub Zeeman

La ubicación y la altura ofrecen unas vistas inmejorables. Justo a tus pies, literalmente, tienes el centro histórico de Ámsterdam con sus preciosas casas al borde del canal y de tejados puntiagudos; al oeste, el puerto siempre atestado de barcos; mirando hacia el este, el lago del IJssel y al norte, pequeños pueblos y granjas rodeados de naturaleza.

Es un imán para valientes, para aquellos que no temen a las alturas y son adictos a las nuevas experiencias; tanto si son adultos o niños (solo hay que cumplir con una altura mínima de 1,30 m). Tal es así, que se ha convertido en una de las principales atracciones de la ciudad desde que se inauguró en agosto de 2016.  

Dentro del edificio, a lo largo de sus 22 plantas, también se llevan a cabo otras actividades. Además de oficinas, restaurantes, bares y un hotel. Los que prefieran disfrutar de unas vistas panorámicas, sin subirse al famoso columpio pueden hacerlo desde el mirador, que cuenta con una terraza y dos restaurantes. La experiencia no es igual, pero las vistas lo merecen.

Photo: Dennis Bourman

Además, el rascacielos en sí tiene un pasado muy interesante y ligado a la historia de Ámsterdam. Fue construido en la década de los 60 para albergar las oficinas de Royal Dutch Shell, la empresa de hidrocarburos, y por aquel entonces recibía el nombre de Toren Overhoeks. Cumplió esa función hasta 2009 y en 2014 fue adquirido por unos inversores que lo convirtieron en A’DAM. Esta denominación, además de hacer una referencia al nombre que recibe la ciudad de forma coloquial, responde a las siglas de “Ámsterdam Dance and Music” (Ámsterdam baile y música, en castellano). Aun así, los locales se siguen refiriendo a él como Shell Tower.

A’DAM Toren se ha configurado como un espacio creativo pensado para el entretenimiento y muchos auguran que se convertirá en un referente en la ciudad. Desde luego, el columpio está siendo todo un éxito ya que, a pesar de su reciente apertura, miles de personas ya han querido vivir la experiencia de columpiarse sobre Ámsterdam y verla desde un punto de vista diferente.

Cuando el movimiento cesa y te bajas del columpio sientes cómo la adrenalina todavía fluye por tu cuerpo y te lleva a un estado exaltación y emoción. Aún sin creértelo del todo, te acercas andando hasta la barandilla de la azotea y ves de nuevo esas vistas.  Ha sido real, lo asimilas. Te has columpiado sobre Ámsterdam. Inevitablemente sientes que quieres (necesitas) repetir. Y de nuevo, esa sensación que se parece a volar.